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Capítulo 8: Confusión en Halloween
La verdad es que Harry se sorprendió por la confesión de su primo. Lo más extraño es que no se había dado cuenta de que a veces había menos tarta. Después de todo, parecía ser un muchacho más inteligente de lo que aparentaba.
El día de Halloween, no hicieron mucho en las clases, el profesor Binns siguió con sus interminables revueltas de duendes, con su voz monótona y adormecedora. Harry se dio cuenta de que Elisa no había ido a las clases, ¿qué habría sucedido? Normalmente sólo faltaba a las optativas, pero no a las asignaturas obligatorias.
La clase terminó sin imprevistos. Hermione se marchó a Aritmancia, y Harry y Ron subieron a la torre norte. Sir Cadogan estaba en su cuadro, intentando arrancar del suelo su espada, pero sólo consiguió caer hacia atrás y que su propio caballo detuviese su comida para reírse.
La profesora Trelawney hizo su teatral entrada de siempre. Ya ninguno se sobresaltaba al verla apareciendo de repente, con una túnica verde y siempre adornada con abalorios que aquel día le daban aspecto de árbol de Navidad.
- Buenos días, mis niños. Sacad vuestros libros por la página 24, hoy empezaremos tema nuevo: Quiromancia.
Parvati y Lavender dieron gritos estúpidos conteniendo la emoción.
- Para empezar, tenéis que localizar y analizar las líneas de la mano de vuestros compañeros. Empezad con la forma de las manos.
- A ver –comenzó Ron, cogiendo la mano de Harry y mirándola de cerca- Es ancha, por lo que... eres realista, fiel y cabezota cuando te enfadas –dijo mirando su libro- Ahora... hay que localizar los montes de tu mano... Tu monte de Júpiter...
Harry miró alrededor. Vio que Neville miraba la gorda manaza de Dudley, mientras el muchacho se miraba la otra mano con detenimiento. Lavender analizaba la mano de Parvati, mientras ésta daba saltitos de emoción a cada frase que su amiga le decía. Harry pensó que Parvati se había pasado con el azúcar aquella mañana.
- Tu línea de la cabeza.... Es recta. Dice que eres cabezota, luchador e inteligente... con esto se han equivocado, amigo,... ¡Ah! Y que a veces eres un pesado. Además, tienes un lunar en medio, esto dice que por cabeza tienes una mierda -Ron y Harry se rieron- La línea del amor...
La profesora llegó a la mesa de los amigos.
- ...Se ramifica, así que el libro dice que vas a tener desengaños amorosos. Y... ¿cuál queda? ¡Ah, la línea de la vida!
La mujer se acercó aún más a ver la mano, y al poco ella la agarró con las suyas propias.
- ¡Oh, querido! ¡Oh! ¡Qué horrible destino!
- ¿Qué? ¿Cuándo me muero otra vez? –preguntó Harry, mirando distraído y con voz de circunstancias.
Dudley, Parvati y Lavender fueron las únicas que no se rieron, aparte de la profesora.
- Tu línea de la vida es corta...
- ¡No! –dijo Ron- Mire bien, profesora. Es ramificada y arqueada. Dice que va a tener problemas en su vida y que tiene buena salud.
El resto de los detalles los trucaron, diciendo cosas del estilo de: “Por las líneas secundarias que te nacen en el monte de Mercurio, tendrías 17 hijos. Amigo, tienes complejo de conejo”
Harry preguntó a Neville por Elisa. Él no sabía dónde podía estar. Vio a Draco acompañado de sus gorilas, Crabbe y Goyle, y de repente le pareció extraño que solía ir con Elisa y sin ese par de retacos.
A la hora de comer, y ya harto de buscar, preguntó a Hermione.
- Esta mañana ni siquiera corrió las cortinas de su cama.
- A lo mejor es que no ha dormido bien –comentó Ron.
- Lo dudo. Pienso que ni duerme. Y si lo hace, es la primera que se levanta y la última que se acuesta. Creo que sufre de insomnio.
Por la tarde, Neville se entretuvo jugando al ajedrez con Ginny, mientras Dudley observaba asombrado el movimiento de las piezas. El hurón de Elisa se acercó a Crookshanks, éste lo olfateó pero luego ronroneó. Harry pensó que lo único que fallaba en el hurón era el nombre.
Fred y George hacían muestras de sus bromas a los niños ingenuos de primer y segundo curso. Lee Jordan preguntó por Elisa, pasadas las siete de la tarde.
- ¿Alguien sabe dónde esta? ¿Piensa venir para cenar?
Cuando todos se disponían a marcharse a cenar, ella llegó vistiendo ropa muggle. Todos la miraban con la boca abierta, más aún los de familia mágica. Llevaba una sudadera muy ancha, por la que por el cuello le sobresalía uno de los hombros. Tenía una camiseta de tirantes por debajo y unos pantalones viejos y anchos, que por detrás tenía mucho más gastados, pues arrastraban y estaban muy pisados por unas deportivas oscuras. Llevaba el pelo recogido con una trenza, tan larga que parecía que no iba a terminar.
Los gemelos casi se le tiran al cuello para decirle que se sentara con ellos en la cena. La verdad, ella no tenía cara de muchas ganas de nada. Subió ignorándolos y se encerró en la habitación.
Lee pidió permiso a Hermione para entrar en el dormitorio de las chicas. Ella accedió extrañamente. Unos segundos después, escucharon gritos y Lee bajó con cara de que no había recibido una buena respuesta.
- Me ha dicho que no va a bajar.
- Pero... ¡hoy es Halloween!
- Sus palabras han sido tajantes: no va a moverse de allí.
- Todo el día desaparecida del mapa, y hoy no baja a cenar –dijo George.
- A lo mejor ya ha comido...
- Aún no han servido la cena.
- Me refiero a que puede que haya cenado fuera.
Ron arrastró a Harry siguiendo a Hermione hasta el Gran Comedor. Las calabazas flotaban sobre sus cabezas, con las velas titilando en su interior. Los murciélagos volaban por el techo en bandadas sobre las mesas, adornadas con sus platos dorados. Dudley miraba a todos los lados con la boca abierta. Hermione miró a Harry. No había hablado mucho.
- ¿Qué te pasa?
- Esto me da mala espina.
- ¿El qué?
- En Halloween, desde que hemos estado aquí, siempre ha ocurrido algo. En primer curso el trol...
- ¿Un trol? –preguntó Dudley.
- Sí, tuvimos que salvar a Hermione. ¿Recuerdas, Ron?
- Sí, fue divertido.
- En segundo año, el cumpleaños de muerte de Nick y la señora Norris petrificada.
- Gata asquerosa, podía haberse quedado así –comentó Ron.
- En tercer curso, Sirius intentó entrar en la Sala Común.
- ¿Sirius? –preguntó Dudley, echándose las manos al trasero- ¿Ese Sirius?
- El mismo. Y podría haber pillado a esa rata asquerosa que yo tenía de mascota...
- Sí, es mi padrino –respondió Harry- En fin, y el año pasado me metieron en lo del Campeonato de los Tres Magos.
- Creo que si este año sucede algo, es porque eres gafe, Harry –bromeó Ron. Harry se rió pero no estaba muy seguro.
Fred y George fueron a buscar a Elisa. No entendían cómo podía perderse la actuación de las Brujas de MacBeth. Lee Jordan se fue con una chica de Hufflepuff que al parecer le gustaba. Harry empezó a olerse lo peor cuando vio que los gemelos no volvían, pero Hermione y Ron no le dieron importancia.
Cuando llegó el momento de que los profesores mandaran a dormir a los estudiantes, y al llegar a la Sala Común se encontraron a los gemelos tirados en el suelo y roncando con la boca abierta.
Intentaron despertar a los hermanos, pero éstos se daban media vuelta y roncaban aún más fuerte.
Hermione fue a avisar a la profesora McGonagall, que levitó a los dos jóvenes y Elisa llegó antes de que la profesora se fuese. Le preguntó que dónde había estado y ésta le respondió que había subido a la lechucería. La profesora también le preguntó en voz baja si ella los había dormido, y Harry alcanzó a oír que no consentían bajar al Gran Comedor sin ella, y que no quería ir. Los alumnos se fueron a dormir, la mayoría se había reído al encontrar allí a los dos muchachos tirados, así que no le dieron importancia. Ron también había oído la respuesta de Elisa a la mujer, y en cuanto ésta desapareció tras el hueco del cuadro, habló.
- ¿Qué les has hecho a mis hermanos? –preguntó preocupado. Ginny miraba a la joven.
- Sí, me pasé un poco con el hechizo. Pero es que ya no podía más. Mañana les pido perdón. ¿Me perdonas tú?
- ¿Les ha dolido?
- Oh, no. Es un hechizo adormecedor, el contrario a los estimulantes. Lo tuve que utilizar, querían forzarme a bajar.
- ¿Y por qué no lo hiciste? –preguntó Hermione- Habría sido más sencillo.
- Yo no celebro Halloween, y no iba a bajar a no ser que fuese indispensable –les pareció notar un ligero tono de enfado, pero casi sonó normal. Hermione se cruzó de brazos.
- ¿Has cenado? –dijo en tono mandón. La señora Pomfrey la había puesto al cargo de la alimentación de la joven.
- Sí, tranquila.
- ¿Y se puede saber qué cenaste?
- No te gustaría saberlo, te lo aseguro.
- Vamos, ¿no me dirás que has comido gusanos o algo así?
Elisa sólo sonrió y dio las buenas noches antes de perderse escaleras arriba.
Hermione también se despidió de los amigos y todos se fueron a dormir.
La mañana despertó agitada. En
la Sala
se oía revuelo y Harry se despertó por unos meneos en el hombro. Ron era el que lo había despertado, y en cuanto Harry abrió los ojos, su amigo se llevó el dedo índice a la boca, haciéndole entender que guardase silencio. Lo siguió sin hacer ruido y en la puerta, Hermione le pasó el periódico El Profeta.
¿Es ElisaBETH Black una amenaza para nuestros hijos?
Este año la joven comienza sus estudios en Hogwarts, a pesar de que tiene 15 años. Tras esta repentina llegada, nos preguntamos cuál era la causa de que no haya asistido a la escuela desde su primer curso, hace cuatro años. A través de una fuente muy fiable, averiguamos que esta joven muchachita es la hija del asesino Sirius Black, culpable de la muerte de los Potter a manos de Quien-Ustedes-Saben y de la muerte de trece personas en el ataque a plena luz del día donde fue detenido. Según nuestro informador, el enigma del paradero de la joven hasta ahora ha sido que desde que Black fue encarcelado, ella estuvo con su padre. Sí, como lo leen: Sirius Black arrastró a su propia hija consigo a Azkaban. Podría llegar a ser peligrosa, conoce multitud de hechizos, e incluso las maldiciones imperdonables. Es muy posible que esté loca, debido a doce años de encierro permanente en Azkaban rodeada de dementores...
No necesitó leer más. Con mirar el nombre del reportero fue bastante: Rita Skeeter, que siempre se metía donde no la llaman. Además, ellos sabían que Sirius era inocente y que Dumbledore no dejaría entrar a nadie si no estuviese seguro de lo que hacía. ¿Quién iba a creer esa noticia? Al parecer, muchos. En la Sala Común se oían gritos de terror y crujidos de papel por todas partes. Elisa bajaba y los encontró obstruyendo las escaleras. Los tres amigos se pusieron nerviosos. Ella pareció entender la incomodidad de sus rostros y arrebató a Harry el periódico. Dio un bufido de enfado y bajó a zancadas, apartando a Ron de un empujón. Al llegar a
la Sala
todos se apretaron contra las paredes, presos del pánico. Un chico de séptimo se atrevió a señalarla con la mano.
- ¡Mortífaga! ¡Has matado a Jordan!
- ¿Qué?
Pero ninguno quiso hablar. Hermione preguntó al muchacho que a qué se refería con lo de Jordan.
- Ha desaparecido. Anoche no volvió a dormir.
Elisa salió de allí hecha una furia, empujando a un niño de primero. Los tres amigos la siguieron para ayudar a buscar a Lee, pero sin decir una palabra.
Al pasar cerca del bosque se encontraron con que Hagrid, al ver a la joven, cerraba la puerta y se asomaba por la ventana furtivamente. Hermione tironeó de los amigos y fueron a hablar con él, quizás supiera dónde estaba el muchacho. Elisa ni siquiera miró atrás, Harry dudó que se hubiera percatado de que iban con ella.
- Hola Hagrid –saludó Ron.
- ¿Has visto a Lee Jordan?
Pero Hagrid estaba muy ocupado escudriñando por la ventana.
- ¿Por qué te escondes de Elisa? –preguntó Hermione mordazmente.
El semi-gigante pegó un respingo.
- ¿Habéis leído El Profeta?
- No me digas que te da miedo, Hagrid –dijo Harry- Sabes bien que lo que escribe esa vaca de Rita Skeeter es basura...
- Elisa debe estar muy enfadada...- respondió Hagrid.
- Seguro que se le pasa, cuando todos se den cuenta de la farsa de Skeeter.
Hagrid miró a los adolescentes. Si hubiera sido más claro habría tenido la palabra “Culpable” escrita en su frente.
- ¿Qué tienes que ver en esto? –Hermione sobresaltó a sus dos amigos con la pregunta, haciendo que la miraran como si fuese una extraterrestre.
- Me encontré con Skeeter en Hogsmeade, me pidió que la perdonase y me invitó a unas copas... –Hermione levantó una ceja- Vosotros sabéis cómo soy, después de un trago, tengo la lengua muy suelta y... Bueno, se me escapó lo de Elisa.
- ¿Le dijiste que Elisa ha estado en Azkaban? –preguntó Harry, riéndose- ¿Cómo pudiste contarle semejante bola?
Hagrid miró al muchacho con gravedad.
- Dumbledore nos lo dijo a los profesores el primer día de curso.
Ron se llevó tal impresión que se tuvo que sentar, Hermione se llevó las manos a la boca, y Harry se quedó tenso mientras Fang le lamía las manos.
- Pe-pero eso no puede ser cierto –murmuró Ron en un hilo de voz- Ella era un bebé. ¿Cómo iban a haberla metido entre tantos dementores?
- No lo sé –Hagrid volvió a mirar por la ventana- Eh, mirad, por ahí va. Parece que ha encontrado al chico que buscabais. ¿Qué le ha pasado?
Los tres amigos se despidieron fugazmente del hombre y se precipitaron para alcanzarlos. Lee Jordan cojeaba y tenía el mismo aspecto que un soldado que vuelve de la guerra. Se pararon en la enfermería y mientras la señora Pomfrey refunfuñaba, le pidieron al chico una explicación. Éste se puso colorado.
- Bueno, es que Sara, la chica de Hufflepuff y yo, fuimos a dar una vuelta para hablar y eso, y nos sentamos bajo un árbol. Enseguida noté un fuerte golpe en el estómago mientras escuchaba a Sara, que huía, y algo me lanzó tras unos matorrales. Supongo que me desmayé por el golpe o algo así. Y cuando me encontró Elisa, me di cuenta que Sara y yo nos habíamos acercado al Sauce Boxeador, y eso fue lo que me golpeó.
La enfermera les mandó salir. Elisa iba muy callada. La gente le señalaba con la mano y cuchicheaba.
- ¡Mortífaga! –gritó una Slytherin muy estirada de sexto curso.
- ¡Tu padre! –respondió Elisa.
Tuvieron que detenerse. Crabbe y Goyle, acompañados por Pansy Parkinson, taponaban la puerta por la que tenían que pasar.
- Oh, pero si es la famosa Elisabeth Black... ¿Me firmas un autógrafo?
- Puedo tatuarte la forma de mi mano en tu moflete gigantesco, Parkinson.
- ¿Te atreverías? ¿No te mandarían de vuelta a Azkaban?
- Lo dudo, en realidad te haría un favor. Si te pego, te arreglaría un poco la cara de jabalí estreñido que tienes. Por cierto, deberías depilarte el bigote –la voz de Elisa sonaba fría y calmada, pero resaltaba más por sus comentarios ácidos y su tono envenenado.
Pansy se hizo a un lado, llena de rabia. Los dos retacos seguían obstruyendo la puerta. Elisa se acercó a Goyle tanto que pareció como si lo fuera a atravesar.
- ¡Bu! –exclamó la joven, y los dos gorilas se quitaron de inmediato.
Mientras se alejaban, se escuchó:
- ¡Elisa Black, Reina de los Dementores! ¡Regresa a Azkaban con tu odioso padre y no vuelvas por aquí!
La joven se dio media vuelta, sin moverse.
- Vete con tu piara de cerdos a otra parte, arpía –hizo una ligera floritura y los tres Slytherin echaron a correr en dirección contraria convertidos en cerditos rosas.
La muchacha se fue de allí rápidamente. La gente se detenía a señalarla con el dedo. Harry quiso ir tras ella, pero Dumbledore lo detuvo, poniendo una mano sobre su hombro.
- Ven, Harry. Vosotros también, Ron, Hermione.
Caminaron tras el profesor.
- Al parecer, ya habéis leído El Profeta, ¿no es así?
- Sí –dijo Hermione.
Harry supo qué quería decirles el profesor. Finalmente llegaron a un lugar despejado de los terrenos.
- Hemos visto a Hagrid, profesor –anunció Ron.
- Entonces ya sabéis parte de la historia.
- ¿A qué se refiere? –preguntó Hermione.
- ¿Tiene Elisa quince años en realidad? –dijo Harry.
Dumbledore sonrió.
- Aunque te parezca increíble, sí, tiene quince años. Os he pedido que vinieseis porque me gustaría que la apoyaseis.
- ¿Cómo ha podido estar en Azkaban? –estalló Hermione- Ella era un bebé... ¿Cómo...?
- Es lo que voy a explicaros, señorita Granger –la chica se sonrojó- Veréis, por aquel entonces, Bartemius Crouch padre, era el candidato más probable para Ministro de Magia. Sabéis que Sirius no fue juzgado. Y a Barty –el anciano se detuvo y suspiró- le pareció que encargarse de buscar un hogar para Elisabeth sería mucho papeleo. Además, pensó que de mayor, la joven asaltaría Azkaban para sacar a su padre y al resto de mortífagos, y todo se volvería a sumir en el caos.
Harry apretaba las manos de rabia. Qué ruin, egoísta y avaricioso le pareció Crouch, mucho más que antes. Un bebé, sin culpa de nada...
- ¿Y usted? ¿Por qué no fue a por la niña? ¿Nadie podía hacerse cargo de ella?
- Cuando nos enteramos de la muerte de Peter y fuimos al lugar de los hechos, mientras contaban los heridos, evaluaban los daños materiales y las vidas cobradas, encontraron el cuerpo de un bebé calcinado. Fue imposible reconocerlo, nadie sabía que Sirius llevaba la niña oculta con un hechizo. Todos la dimos por muerta hasta hace dos años, cuando Sirius escapó.
El profesor se detuvo, los amigos tenían la respiración cortada.
- Me gustaría que la respaldaseis ahora. Todos creen lo del periódico y necesita a alguien que la defienda y que la crea. No es peligrosa, lo menos que se le pasaría por la cabeza es dañar a alguien. Necesita amigos.
- Confíe en nosotros, profesor –Ron se dio una palmada en el pecho, orgullosamente. Los demás sonrieron.
El profesor se encaminó a la cabaña y los tres amigos fueron a pasear.
- Deberíamos ir a verla –propuso Ron.
- Creo que es mejor que la dejemos tranquila hasta que se calme –Hermione se sentó a la orilla del lago, hacía un poco de aire, pero era mejor que estar entre tanta gente asustada leyendo el periódico.
Harry la imitó y poco después Ron hizo lo mismo.
- Era un bebé...
- Es lo que me impacta, Harry. Ya me preguntaba cómo podía saber tantos hechizos oscuros. Ahí está la razón.
- Debe de ser horrible tener una infancia así –musitó Ron, apenado.
- ¿Infancia? Eso no es infancia. Para llamarlo así se necesita alegría y cosas positivas. Dudo que ella lo tuviese. Ahora se entiende su forma de ser... ella no es muy confiada.
- Lo que no acabo de comprender es por qué es amiga de Malfoy... Se supone que odia a los mortífagos...
- Quizá esa amistad la beneficie de algún modo...
- ¡Pero él es Malfoy! –exclamó Ron- ¡Draco Soy-un-Slytherin-Estirado Malfoy! Esa sabandija no tiene beneficios.
Pasado un rato fueron a la Sala Común. Estaba desierta, excepto por Elisa que conversaba tímidamente con Neville.
Harry se detuvo a mirarla, y ella también lo miró. Por primera vez no le pareció ver u
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