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(ff) HP y la Orden del Fénix. Capítulo 7: Visitas Inesperadas
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aryblack
 
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  (ff) HP y la Orden del Fénix. Capítulo 7: Visitas Inesperadas 11/Abril/2006 - 02:19

Capítulo 7: Visitas inesperadas

 

 

Ron miró a Harry con miedo. Abrió la boca para decir algo, pero sólo pudo tartamudear.

-         Yo estoy peor que tú, Ron.

-         ¡P-Por q-qué?

-         Los Dursley han sido atacados por mortífagos.

-         ¿Es lo que Dumbledore te ha dicho? ¿Por un ataque?

-         La verdad es que a mí no es que me importe mucho, podría pasar mis vacaciones con Sirius, o contigo. Pero me ha dicho que la casa ha quedado reducida a escombros.

-         ¡Pero por qué los trae a Hogwarts!

-         ¡Yo qué sé! Será mejor que baje a por mi primo.

 

El joven Weasley lo acompañó, tanto o más impactado que Harry. Llegaron a la entrada y vieron al director y los profesores de las Cuatro Casas, y en medio de todos ellos, un muchacho rubio con ojos de cerdito aterrorizado. Éste advirtió la llegada de Harry y se apresuró a acercarse a él. Iba vestido con una túnica del colegio, igual que la de cualquier otro estudiante. Los dos amigos, al verle, se echaron a reír descontroladamente.

-         Señor Potter, acompañe al señor Dursley a su habitación.

Después de calmarse un poco, fueron subiendo, riéndose de Dudley, que iba siempre pegado a la pared, y mirando a todos lados asustado.

-         ¡Cálmate! No vamos a hacerte nada –dijo Ron apretándose las costillas- Harry, si le ponemos una esponja en el trasero nos limpiará las paredes... lo podríamos poner a trabajar para Filch... –le susurró su amigo.

Harry se rió muy fuerte. Dudley los miraba como si esperara su sentencia.

-         Tranquilo, primo. Si te hacen algo, los pueden expulsar. Ahora escucha –se detuvieron frente el cuadro de la Señora Gorda- Para  llegar a tu habitación, tienes que atravesar este cuadro diciendo una contraseña. Ningún otro estudiante de cualquier otra Casa no debe conocerla. ¿Te han explicado lo de las Casas?

-         ...Sí. Me pusieron un sombrero en la cabeza.

-         ¿¡Te seleccionaron!? –exclamó Ron.

Dudley sólo asintió, algo intimidado.

-         Bien –dijo Harry- Presta atención.

-         ¿Contraseña? –dijo la Señora Gorda.

-         ¡Ailill Anglonnach!

 

-         Pasad –la mujer se apartó y dejó descubierta la entrada.

Por suerte, para Dudley, no había casi nadie en la sala, sólo los gemelos –Dudley se agarró de nuevo el trasero y buscó algún sitio donde esconderse- Lee Jordan, Ginny y Neville. Todos se quedaron mirando con la boca abierta, en especial Fred y George, a los que la cara les brillaba de ilusión.

-         ¿Qué hace aquí?

-         Se va a quedar a dormir por una temporada...

-         ¿Pero no era una chica? –dijo Ginny, confusa.

-         ¿Qué?

-         Hay una cama en la habitación de las chicas de 5º curso.

-         ¿Otra chica nueva?

-         En nuestra habitación hay otra cama más –dijo Neville, agregándose a la conversación.

Harry palideció.

-         ¿Y si es... mi tía?

-         No –murmuró Dudley- Se ha quedado con tía Marge. Papá también.

-         Dumbledore me dijo que habíais...

-         Te habló del ataque, no de que viniésemos todos... –susurró su primo.

De repente el agujero volvió a abrirse y entró Hermione, y siguiéndola, Elisa Black.

-         ¡Ey, Elisa! –saludó amigablemente Lee.

-         ¿Cómo te encuentras?

-         ¿Te quedas en la torre? –preguntó Fred, esperando que dijese que sí.

Ella asintió con una débil sonrisa en su cara pálida,  se sentó con los chicos, y Ginny y Neville se les unieron.

-         Tú debes de ser el primo de Harry. Dudley, ¿verdad? Mi nombre es Hermione, soy la prefecta, y estaré encantada de ayudarte a integrarte.

El chico la miró sin cambiar su rostro de susto, pero murmuró un “gracias”.

 

Al cabo de un rato, la Sala se llenó, y la profesora McGonagall cerró la marcha.

-         Bien, escuchadme todos. Tenemos a dos nuevos estudiantes en la torre, uno de ellos es Elisabeth Black, a la que todos conocéis ya. El otro es Dudley Dursley, y espero que os llevéis bien con él. En fin, que tengan un buen día.

Todos se disiparon de nuevo, pero poco después llegó la hora de la comida. Ron y Harry –seguidos de cerca por Dudley- buscaron a Hermione, que había llamado a Parvati y a Lavender. Ellas se sentaron frente los dos amigos, y pronto llegaron Neville y Elisa, que se sentaron al lado de Dudley. Ella se le quedó mirando con curiosidad.

-         ¿Eres el nuevo?

Harry temió que si ella sabía que Dudley era sólo un muggle, podría hacerle algo.

Dudley sonrió un poco, mientras se servía felizmente un par de filetes con patatas.

-         Sí. Mi nombre es Dudley.

-         Me llamo Elisa –y dicho esto, se estrecharon la mano.

Si se paraba a pensar, podría haber recordado que Elisa prohibió a Malfoy burlarse delante de ella de squibs y sangres sucia, por lo que aquello no sería diferente.

La señora Pomfrey pasó cerca y miró con recelo a Elisa.

-         Ey, dime, ¿por qué gritaba tanto la enfermera en tu reconocimiento médico? La oímos gritar desde fuera.

Ella se tapó la boca para ahogar una sonrisa traviesa.

-         Gritaba ¡Un mes! ¡Un mes!

-         Pues eso –comentó la joven en un hilillo de voz- Que llevo un mes sin dormir...

-         ¡Guau! ¿Por eso te caíste de la escoba?

-         ... No. Por falta de azúcar.

-         Normal –Neville se agregó a la conversación- Si no comes casi nada. Ni siquiera te bebes un vaso entero de zumo por las mañanas... Si no comes porque tienes miedo a engordar...

-         ¡Qué va! No es eso. Es que tengo muy poco apetito.

-         Pues ya sabes –Ron puso cara de extrema seriedad- Desde ahora en adelante, deberás tomar muchos caramelos, azúcar, chocolate, golosinas... vamos, una dieta súper equilibrada...

Todos rieron. Dudley parecía estar pensando algo.

-         ¿Cómo has conseguido no dormir en un mes? –preguntó.

-         Fácil. Tengo deberes.

-         ¡Mentirosa! –bufó Ron- ¡Es la mejor de 5º curso!

-         Además de repasar, tengo otras preocupaciones...

Dejaron el tema y se pusieron a hablar del partido. Neville explicaba a Dudley las reglas del Quidditch, y el primo de Harry casi pareció olvidar que le daban miedo los magos, aunque de vez en cuando echaba un vistazo a los gemelos para asegurarse de que seguían comiendo. Hermione vigilaba a Elisa y la obligó a comerse un plato entero de comida, por orden de la señora Pomfrey.

 

Antes de que todos terminaran, Elisa se fue, al parecer, había quedado con Malfoy. Harry se sintió lleno de rabia e impotencia, estaba seguro de que Elisa sabía que Dudley y él eran primos, y con lo que ella le odiaba, probablemente se lo contaría a Malfoy para que éste se burlase de él. Y ahora era aún peor, iba a verla incluso en la Sala Común.

No podía permitir verse agobiado por eso, tenía que dar la impresión que no le importaba que ella estuviese allí. Sería difícil, pero no imposible.

De repente, le vino un pensamiento. ¿Y si ella le gustaba? Había una parte de él que deseaba reírse con ella haciendo una broma, como los gemelos, ir con ella a estudiar, como Neville, o incluso compartir confidencias, como Malfoy. Se espantó con esto último. ¿Sentía celos de Malfoy? El estómago se le revolvió con esto último. No, no y mil veces no. Ella no le gustaba. Sólo pensaba en ella porque era la hija de Sirius, y sólo por eso. ¿Por qué diantres no se la podía quitar de la cabeza? Sólo era una chica extraña y algo violenta...

Sintió una punzada de culpabilidad. Era cierto que ella había empezado las peleas, pero él dijo cosas horribles. La hirió, hasta el punto de hacerla llorar. Nunca lo habría imaginado, con su imagen de chica dura, y llorando. Había dicho que era una vergüenza para su padre, y ni siquiera él lo creía. ¿Por qué si no iba a ir su padre a verla, y ponerse al borde de la histeria cuando ella tomó la poción? Si tuviese vergüenza de ella no se le pasaría por la cabeza ni la posibilidad de escribirla. Quizá también se sentía celoso de que Sirius tuviese a alguien de quién cuidar y preocuparse, además de él. No, ella no.

-         ¡¡NO ME GUSTA!! –gritó. Antes de darse cuenta, se había levantado, y la copa y la jarra que había frente a él habían estallado repentinamente. Los demás estaban guardando el silencio, algo sorprendidos. Sintió cómo se ponía colorado. Se sentó lentamente y hundió la cabeza en sus manos, preso de la vergüenza, sin notar que su túnica estaba absorbiendo la mayor parte de zumo que se esparcía por toda la mesa.

 

Esa misma tarde, la profesora McGonagall pasó a recoger a Dudley, y cuando volvió, llevaba un baúl cargado de material escolar (plumas, pergaminos, tinta, libros...) y una varita. Harry se sorprendió. ¿Una varita para Dudley? Ni siquiera había imaginado aquello en sus peores pesadillas, ¿iba a asistir a clases? El muchacho parecía tan impactado o más que su primo, pero Dudley no dijo nada en el resto del fin de semana, hasta que el domingo por la noche pidió a Hermione una copia del horario.

-         ¿Clases de quinto? ¿Con nosotros? –Harry se horrorizó al volver a pensarlo. Dudley lo miró con sorna.

-         No, primo, voy con los de décimo curso –después se dirigió de nuevo a Hermione- Sé que me diste uno, pero... un ratón blanco se lo comió.

-         ¿Draco se comió tu horario? –Elisa había estado escuchando.

-         ¿Quién es Draco?

-         Un hurón blanco. Es mío.

-         Podría ser ése, sí.

-         Llevo buscándolo todo el día. Se va a enterar. ¡Draco!

Finalmente, blandió su varita.

-         ¡Accio Draco!

El roedor salió disparado a su mano, y ella comenzó a regañarle.

De repente, uno de los ventanales estalló, dejando entrar algo negro y cayendo sobre Elisa, que no fue lo bastante rápida en apartarse. La Sala Común no estaba muy llena, sólo había unos cuantos niños de primer curso que miraban los Sortilegios Weasley de los gemelos, como víctimas inocentes que no sabían las consecuencias. La masa oscura se movió un poco, para dejar de aplastar a Elisa. Ella parpadeó varias veces. Su cara era de confusión total, al igual que la del resto de los que estaban ahí, pero inmediatamente, comenzó a reír. Era una risa salida del corazón, pura y alegre. A su lado, todas las risas que habían salido de aquella joven parecían frías y falsas, de hecho, lo eran. Aquella risa era contagiosa y todos allí se comenzaron a reír, aunque no sabían bien de qué.

El bulto negro se incorporó y echó su capucha hacia atrás, dejando al descubierto su cabello rubio platino y sus orgullosos ojos grises. Tendió la mano a Elisa para levantarla, que de la risa estaba floja.

Todos miraban a Draco Malfoy, y éste devolvía la mirada con las mejillas encendidas.

-         Llamé a mi mascota con el encantamiento convocador. No especifiqué... lo siento –le dijo en voz baja, aunque Harry alcanzó a oírlo.

 

Tirando de su mano, lo sacó de la Sala Común mientras Hermione reparaba los cristales de la ventana.

-         ¿Por qué lo saca por la puerta? –se quejó Ron- Ahora sabe dónde está nuestra Sala Común.

-         ¿Dos meses de clases y aún no te has enterado? –respondió Hermione con su tono habitual- ¿Ya no recuerdas que es el prefecto de Slytherin? Todos los prefectos sabemos la localización de todas las Casas.

 

Al cabo de unos minutos, Lavender entró en la sala.

-         No puedo creer lo que acabo de ver.

Parvati, su mejor amiga, se le acercó. A ambas les encantaba cotillear.

-         Acabo de ver a Malfoy riéndose... con Elisa. Estaban riéndose de ellos mismos...

Parvati la miró incrédula.

-         Pobrecita, tienes fiebre... Alucinas –fue a ponerle una mano sobre la frente- ... No, no tienes fiebre. El que debe estar mal es Malfoy. Si se estaba riendo de él mismo...

Harry esbozó una sonrisa. Seguramente estaba loco de remate, no hacía falta que fuesen a comprobarlo.

 

Subieron silenciosamente a sus habitaciones. Al día siguiente tenían Pociones a primera hora, y era necesario tener las horas de sueño suficiente para aguantar despejado y así evitar que Snape quitase más de veinte puntos a Gryffindor.

Dudley se puso el pijama y se arropó. Su cama estaba al lado de la de Harry.

-         Primo...

-         ¿Sí? –contestó Harry, que acababa de poner sus gafas sobre la mesilla y apagar la vela.

-         ¿Qué te ocurrió en la cara? Tienes un ojo un poco morado y una herida en el labio.

-         Ah... Me... me caí en un entrenamiento.

-         ... Primo, que nos conocemos. ¿Quién te zurró?

Ron se rió.

-         Eres un experto en el campo, ¿no, Dudley?

-         Je, je... sólo un poco.

-         Sí, Harry me contó en primer curso que te ayudaba como saco de boxeo...

Dudley enrojeció, pero los demás no se dieron cuenta porque estaba oscuro.

 

La mañana llegó pronto, inundando todos los rincones del castillo de luz. Aquella noche había helado y los árboles de fuera parecían haberse escarchado.

Las lechuzas obstruyeron el techo del Gran Comedor, siempre con su tarea de repartir el correo. Harry vio un precioso macho gris azulado acercarse a la mesa de Gryffindor y posarse frente a Elisa. El ave era realmente imponente. Sus ojos eran ambarinos, y resaltaban con el color del plumaje. Ella le dio su tostada en muestra de agradecimiento por traerle la carta y Hermione riñó a la joven y la obligó a coger otra tostada. George y Fred se rieron porque la joven puso cara de desesperación al verse forzada a desayunar.

Otra más vino. Tenía motitas blancas en el pecho y era negra. Portaba un sobre rojo, sin duda, un vociferador. Dudley lo miró con curiosidad. Se detuvo también frente a Elisa.

Ella, sorprendida, sólo lo cogió rápidamente y lo escondió en el lugar más próximo que encontró: la mochila de Hermione. Ésta explotó en todas direcciones un segundo después, lanzó libros y pergaminos a gran velocidad. Todos los alumnos del Gran Comedor se refugiaron bajo sus mesas, aguardando el final de la lluvia de libros. Pero aún quedaba el vociferador.

 

¡¡¡NO VUELVAS A HACER LO QUE HICISTE EN EL PARTIDO DE QUIDDITCH!!! ¡¡¡ERES UNA SEÑORITA!!! ¡¡¡Y MÁS TE VALE QUE COMAS O TE DESMAYARÁS POR OTROS MOTIVOS!!!

 

Sin duda era la voz de Sirius. Hermione se lanzó sobre Elisa blandiendo el cuchillo de la mantequilla, pero la otra joven movió la varita recomponiendo sus libros y dejándolos como antes.

Una lechuza familiar sobrevoló la cabeza de Harry cuando todos salieron de sus originales refugios. Era Hedwig. Ni siquiera sabía que hubiera salido. Libró la pata de su ave de la nota y leyó el escrito, dejando que Hedwig picoteara libremente su bacon.

 

Harry,

Soy Remus, voy a ir al colegio el día 28 y me gustaría verte. Tengo noticias de Sirius. Ven antes de tu primera clase a la estatua de la bruja jorobada. Te esperaré allí.

R. J. Lupin

 

El joven se lo explicó inmediatamente a sus amigos y se dirigió corriendo al sitio citado.

Unos minutos después llegó. Lupin estaba esperándole allí, con su túnica raída y llena de parches.

-         Acabo de recibir la carta –dijo Harry, respirando fuerte.

-         Vaya, se retrasó. La mandé el jueves por la mañana.

-         ¿Tanto tardó?

-         Seguramente, tu lechuza tuvo que atravesar alguna tormenta de nieve.

-         ¿Nieve? ¿Dónde ha estado?

-         Con Sirius. Y déjame decirte que está disgustado contigo. Intentó mandarte un vociferador. Al final lo convencí y se lo mandó a Liz.

-         ¿Liz?

-         Oh, es la abreviación de Elisabeth. La llamo así –su cara se puso seria- Pero no te llamé para hablar de eso. Sirius sabe de vuestra pelea.

-         ¿Qué? ¿El también va a regañarme?

-         Eso pretendía.

-         Profesor, quien recibió los golpes fui yo –Harry se molestó.

-         Lo sé, pero deberías saber que lo que dijiste fue peor que un par de puñetazos.

La cara del muchacho reflejó perplejidad.

-         Ella...

-         Harry, dijiste que era una vergüenza para sus padres. No vuelvas a tocar ese tema, por favor –Lupin miró su reloj, parecía tener prisa.

-         ¿Por qué? ¿Acaso es verdad? ¿O es que la próxima vez me matará?

-         Harry, por favor, escúchame –parecía haber perdido la paciencia- Elisa no verá a Sirius por un tiempo, y eso es muy difícil para ella. Ni siquiera podrá verlo estas vacaciones, yo tendré que encargarme de ella...

-         ¿Por qué tú? ¿Y su madre qué? ¿Es que también está de misión?

Lupin miró hacia un lado, cabizbajo.

-         Ella es igual que tú, Harry.

-         ¿Qué quieres decir con eso?

-         Su madre... murió. Por eso no quiero que le hables de ello. Fue por un ataque de Voldemort.

El orgullo del joven pareció desmoronarse. Harry no dijo nada. El hombre miró de nuevo su reloj.

-         Creo que debes irte o llegarás tarde.

 

Harry se marchó, andando casi de manera mecánica, absorto en sus pensamientos. Antes de darse cuenta, Ron tiraba de Harry para que se sentase en su sitio. Dudley se sentó con Neville en primera fila. El profesor se retrasó, los Slytherin comenzaban a preocuparse, pero a los cinco minutos entró como un vendaval haciendo crujir la puerta.

Todos notaron algo cambiado en el profesor. Los Gryffindor se pellizcaban fuerte o se mordían la lengua para no reír. El pelo de Snape brillaba, y parecía muy sedoso y manejable. No había ni rastro de grasa y éste nuevo aspecto le habría dado imagen de persona amable si su cara no tuviese aquel día pinta de estallar de furia. Murmuraba injurias contra alguien que lo había levantado tres horas antes de lo habitual porque había descubierto que su cabeza estaba impregnada de baba verde pringosa y tenía el pelo pegado a la almohada.

Sin hacer ruido, se colocó silenciosamente en su mesa, mirando a todos los Gryffindor.

-         Sé que habéis sido vosotros, pero desgraciadamente no tengo pruebas –un mechón le tapó la cara y se lo apartó de un manotazo –20 puntos menos para Gryffindor –su mirada se centró en Dudley, que temblaba como si tuviese un terremoto bajo sus pies- Carne fresca –dijo malignamente.

Neville miró al muchacho con compasión.

-         Veamos qué conocimientos tienes, señor... ¿Dursley?

-         S-sí, señor.


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