Fuimos claros cuando desde MD apoyamos la decisión de Rajoy de no dimitir y presentarse en el próximo Congreso para seguir capitaneando la alternativa a Zapatero de cara al 2012. Le apoyamos porque creímos, de corazón, que la empresa de estabilizar un buque como el PP tras perder unas elecciones sólo se podría hacer desde la tranquilidad.
Creímos en Rajoy porque hasta hace muy poco nos pareció una persona políticamente equilibrada, inteligente y honesta. De unas elecciones perdidas siempre deben sacarse conclusiones, así lo vimos también desde este digital; y también creímos que algunos cambios eran necesarios en un PP que precisaba de nuevas caras que aportaran nuevas líneas de liderazgo y estrategia al ‘portaviones’ de la derecha.
Creímos también que Rajoy era la persona adecuada para mantener en su sitio a los ‘barones’ que comenzaban a tomar impulso con teorías desnortadas. Creímos que Rajoy aplicaría sentido común a unas difíciles circunstancias que con toda lógica harían tambalearse alguna que otra silla en Génova.
Hasta aquí, creímos en Rajoy.
Pero Rajoy ha construido el PP que no queremos. Un PP que pretendía renunciar, hace menos de 24 horas, a los valores y principios que lograron que más de diez millones de personas dieran su voto a un señor que se llamaba Mariano.
Hemos tenido que ver como nuestra querida María San Gil salía ‘volando’ de la comisión que redactaba la ponencia política y anunciaba su posible salida del PP vasco porque las cosas que se estaban haciendo, y tramando, parecían más una ‘puñalada trapera’ a sus votantes que el intento necesario de regeneración de cara a un congreso tan importante como el que llega.
Por si esto no fuera suficiente, también hemos tenido que escuchar como a algunos les parecía apropiado lo de hacerse ’simpáticos’ a los nacionalistas mientras éstos se carcajean e intentan romper España. Y lo han dicho sin que nadie en el PP los pusiera en su sitio, lo que nos lleva a pensar que estaban sirviendo de correa de transmisión, o globo sonda, de lo que en Génova se pretende hacer y se da por bueno.
Rajoy está construyendo el PP que no queremos. Ya no confiamos en Rajoy. Ya no creemos en Rajoy. Y esa es una cuestión dolorosa, porque al final, desde la humildad y libertad de este digital que sobrevive día a día sin recursos ni apoyos institucionales, tendremos que tomar la difícil decisión de aconsejar a nuestros lectores que no le voten. Y que busquen en otras opciones políticas esa defensa de valores y principios que más de diez millones de españoles consideran fundamental a la hora de decidirse por unas siglas u otras.
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