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CIENCIA, ORDEN Y CREATIVIDAD
DAVID BOHM
JOHANAN ENRIQUE CINCO RODRIGUEZ
11 de noviembre de 2007
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La ciencia ejerce en la actualidad una influencia creciente sobre las
sociedades del mundo, pero aun así, en sus fundamentos se halla
acosada por serias dificultades. Entre éstas, una de las más importantes
se relaciona con su acercamiento fragmentario a la naturaleza
y la realidad. En la introducción se sugirió que, en esta época en que
la ciencia es considerada como la clave para un progreso acelerado
y la mejora de la vida, este acercamiento fragmentario no puede
nunca solucionar los problemas más profundos a los que hace frente
nuestro mundo. Muchos de estos problemas dependen de contextos
tan amplios que en último término se extienden a la totalidad de
la naturaleza, la sociedad y la vida de cada individuo. Está claro que
ese tipo de dificultades no podrán resolverse nunca en el marco de
los limitados contextos en los que normalmente se formulan.
Sólo avanzando más allá de su fragmentación actual puede la
ciencia pretender realizar una contribución realista a los problemas
que tenemos delante. Pero dicha fragmentación no debería confundirse
con el hecho de dividir un área del conocimiento en campos
específicos de especialización o con la abstracción de problemas concretos
para su estudio. Estas divisiones pueden ser perfectamente
legítimas, y de hecho son un rasgo fundamental de la ciencia. Como
el término indica, fragmentar significa más bien “romper” o “dividir”.
Por consiguiente, la fragmentación tiene lugar cuando se intenta
imponer divisiones de manera arbitraria, sin ninguna consideración
por un contexto más amplio, incluso hasta el punto de ignorar
conexiones esenciales con el resto del mundo.
La ciencia es un intento de entender el universo y la relación del
hombre con la naturaleza. ¿Cómo es posible entonces que este tipo
de enfoque dé como resultado la fragmentación? La noción misma
de la comprensión científica parece ser totalmente incompatible con
una actitud fragmentaria frente a la realidad. Para llegar a comprender
cómo la visión especializada de los problemas y dificultades discutidos
en la introducción llegó a invadir la totalidad de la ciencia,
hay que entender primeramente no sólo lo que significa la fragmentación,
sino también cómo opera en la práctica. Esto implica problemas
particularmente difíciles y complejos. Para empezar, es importante
distinguir entre fragmentación y simple especialización o
división práctica del conocimiento en varias subdivisiones. Está claro
que este tipo de especialización fue el paso fundamental en el
desarrollo de la civilización.
Es más, el estudio de cualquier materia comienza con un acto
natural de abstracción, para poder así centrarse en ciertos rasgos de
interés. Para ser capaz de prestar atención a algo es necesario abstraer
o aislar primero sus características principales de toda la infinita
y fluctuante complejidad de su contorno.
Creatividad y metáforas
Las revoluciones científicas comienzan, por consiguiente, con un
cambio radical que, a través de un largo periodo de “ciencia normal”,
desarrolla una infraestructura de ideas y presupuestos básicos
totalmente nueva. Está claro que estas transformaciones a largo
plazo dentro de la infraestructura de las ideas, prácticamente inconsciente,
implican una operación de creatividad de manera continua.
Resumiendo, la manera de hacer ciencia en la actualidad ha evolucionado
de modo que algunos de sus rasgos son un serio obstáculo
a la creatividad. Entre ellos, uno de los más importantes es el desarrollo
de paradigmas. Es conveniente que en todas las épocas, y no
sólo durante los períodos de revolución científica, exista la posibilidad
de juego libre de la mente en torno a cuestiones fundamentales,
de modo que podamos encontrarles una respuesta creativa adecuada.
Los paradigmas, y en especial aquellos que han permanecido
durante cierto tiempo, mantienen la mente encarrilada, siendo necesaria
una revolución para salir de ahí. Esta rigidez excesiva se va
almacenando, hasta llegar a una confabulación inconsciente, en la
que los científicos “juegan sucio juntos”, para “defender” las bases
entonces aceptadas de la investigación científica frente a la percepción
de su inadecuación.
Lo esencial de esta forma es que, al igualar dos
cosas muy diferentes, la mente entra en un estado muy perceptivo,
de gran energía y pasión, en el que se dejan atrás o se disuelven
algunos aspectos excesivamente rígidos de la infraestructura tácita.
En la ciencia, como en otros muchos campos, se debe desarrollar
detalladamente esta percepción de la similitud básica entre dos cosas
muy diferentes, para pasar después a un tipo de analogía más
literal.
Naturalmente, no toda metáfora científica resultará fructífera,
de la misma manera que no todos los intentos de metáfora poética
merecen nuestra atención seria. Además, está claro que sólo una
persona que ha penetrado en un campo con gran interés y diligencia,
y que tiene además la capacidad y habilidad requeridas, logrará
crear una metáfora útil. Incluso a gente de este tipo no suele ocurrirle
con frecuencia.
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