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Sonoros los gritos de una madre
Al ver a su hija dormir,
Con ansias de volver a sonreir
Se mortifica trás la luna
Sinedo testigo del acto en que murió en su cuna
Dolor palpitante en el pecho
Oprime a la razón
Y jamás curará la herida de su corazón
Cien lágrimas inundaron su tumba,
Veinte flores decoraban su alcoba,
Un beso en pálida frente
Hizo rememorar los hechos tan hirientes.
Niña nunca pudo ser,
Abrió su primer llanto para a la muerte coger
Pienso yo:¿¡Que tuvo que perder si murió nada más nacer?!
¡Como envidio yo a ese pequeño bebé!
Porque al olvido en vida pertener,
Es morir viva lentamente
Esa niña perdurará en la memoria de esa mujer
Y yo moriré con mi aliento y mi terno dolor
Siendo OLVIDO y no habiendo conocido nunca el verdader AMOR...
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