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Bello arte el tuyo, señor de óleo y pincel
Que inventas un ocaso que jamás existió
Donde una mujer mira lo que nunca vio
Rendida al gran astro que baña sus pies.
Bello arte de dios es plasmar con sabia
Añoranza la savia eterna de una suave flor
Que bebe continuamente el idéntico calor
Del sol de otro mundo que nunca cambia.
¿Cual habrá sido (imagino) el primer trazado,
La mujer o la flor, cual tuvo ese honor
De inmortalizarse primera. ¿Habrá sido la flor,
La mujer? ¿O la más simple de las dos?
¿Qué hará mover tu imaginación alada?
Sospecho a una musa con pétalos y piel Que como el suave trinar de un cascabel
Suena imperativa y obliga a ser creada.
¿Acaso eres tu ese dios que eterniza la ilusión
Que convierte en verdad tu mentira? (o la mía)
¿O eres instrumento de eso que tanto admiras?
De ese otro dios mortal que es la imaginación.
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