FAMILIARES DE ADICTOS AL ALCOHOL Y OTRAS DROGAS

La adicción se va generando poco a poco,durante un largo tiempo, día a día los familiares se acostumbran a las crisis producidas por el abuso del alcohol o la droga y así se comienza a aceptar la adicción como una parte normal de la vida, el problema se convierte en el centro de la familia. Por eso nos referimos a la adicción como una.... "ENFERMEDAD FAMILIAR

FAMILIARES DE ADICTOS AL ALCOHOL Y OTRAS DROGAS
Una madre suelta las riendas y se las entrega a Dios
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EUGENIA
 
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  Re: Una madre suelta las riendas y se las entrega a Dios 21/Octubre/2007 - 02:06

Cuando terminó su período en el centro de tratamiento, fue a una institución de transición de la cual salía para ir a trabajar y a estudiar. Pocas semanas después, se nos informó que nuestra hija había violado las reglas. Había sido aceptada en la institución siempre y cuando no bebiera o consumiera drogas allí, y no podría volver si las usaba. Hasta encontrar otra institución de transición con lugar para ella, estuvo sola. Yo estaba angustiadísima y fui a una reunión de Al-Anon en cuanto pude. El tema resultó ser "Suelta las riendas y entrégaselas a Dios", lo cual fue muy oportuno. Me di cuenta de que no había empezado a sol­tar las riendas en la situación de mi hija. Y había resistido la noción de Poder Superior porque todas mis imágenes de Dios eran figuras mascu­linas con autoridad con las que no podía relacionarme. Ahora veía cuan necesitada estaba de algún tipo de Poder superior a mí misma que pudiera ayudarme a encontrar la serenidad aunque mi hija siguiera bebiendo. Decidí que, como hallaba tanto solaz en mi grupo Al-Anon, usaría al grupo como mi Poder Superior, por lo menos por el momento. Se afianzó mi compromiso con el grupo.

Por supuesto, no estaba curada. Cuando el grupo necesitó un nue­vo representante de grupo (RG), presenté el nombre de mi esposo. Es­taba segura de que él necesitaba involucrarse más. Me sentí muy orgullosa cuando lo eligieron, pero mis planes no funcionaron, y renunció poco tiempo después. Hasta ese momento, no se me había ocurrido seguir mis propios consejos, pero cuando surgió la oportunidad, me ofrecí como voluntaria para asumir el cargo yo misma. Con sorpresa, encontré que era una manera maravillosa de aprender a distinguir entre mis responsabilidades y las responsabilidades de otros.

A medida que pasaba el tiempo, evolucionaba mi concepto perso­nal de Poder Superior. Como no podía relacionarme con un Dios pater­nal, mi madrina me sugirió examinar imágenes femeninas, lo que me condujo a encontrar un Poder Superior femenino con el cual me sentía lo suficientemente cómoda como para abrir mi corazón y mi alma. Al poco tiempo tuvo lugar un despertar espiritual. Mientras viajaba a una ciudad vecina para un examen de admisión a un departamento de gra­duados, me di cuenta de repente de que no debía tener miedo porque mi Poder Superior estaba allí mismo en el auto conmigo. Más tarde, ese día, cerré el auto quedando mis llaves adentro, retrasándose así planes que tenía con otra gente. No obstante, asombrosamente, me sentí libre de impaciencia o angustia por algo que no podía controlar.

Tuve una experiencia similar unas semanas después cuando retra­sos inesperados hicieron que mi familia y yo perdiéramos un almuerzo especial para nuevos graduados, algo que había estado esperando con ansiedad. En realidad me dio risa. Mi hermana no podía creer que fuera yo. Al-Anon y mi Poder Superior me estaban ayudando a trans­formarme en una persona más feliz y mejor ubicada ante los ojos de todo el mundo. Este no era el tipo de despertar espiritual que me había imaginado. No hubo ningún relámpago de luz, ninguna idea profunda sobre los misterios del universo o los vericuetos del alma humana. En lugar de ello, se produjo un cambio sosegado. Me había ganado la sere­nidad.

La serenidad vino y se fue varias veces ese primer año de recupera­ción. Mi literatura Al-Anon, en especial las lecturas diarias de Un día a la vez en Al-Anon, facilitaron la adquisición de un poquito de sereni­dad cada día. Aprendí que lo que siento no es culpa de otra gente. Puedo decidir cómo reaccionar a lo que sucede en mi vida; nadie pue­de decidirlo por mí. Cesé de buscar pretextos para compadecerme de mí misma y para continuar mi inercia, y empecé a considerar lo que yo podría hacer para cambiar mis actitudes para que mis días fueran más placenteros y constructivos.


 

Comencé a reconocer pruebas de alcoholismo en mi familia de ori­gen. Sospecho que mi padre, que murió cuando yo tenía cinco años, era alcohólico, y que mi madre sufría los efectos de la enfermedad de mi padre. Aunque no me había dado cuenta de ello, el alcoholismo había afectado mi vida desde el inicio. Hallé consuelo e ideas leyendo el libro de lecturas diarias de Alateen Alateen: Un día a la vez porque abordaba muy directamente los efectos del alcoholismo en la juventud,

Sigo usando la literatura a diario y me complace que Al-Anón con­tinúe preparando nuevas publicaciones. Necesito escuchar el mensaje de Al-Anón una y otra vez, con palabras, formas y voces diferentes. Un pensamiento, frase o principio que no tenía ningún significado particu­lar ayer puede tener mucho sentido hoy. Y ahora que gozo de una cierta recuperación, me parece importante contribuir a la creación de nuestra literatura escribiendo y presentando mi propia historia. También estoy aprendiendo a dejar de lado mi ego en este proceso. El primer ensayo que envié a The Forum no se publicó. Estaba orgullosa de ese texto, segurísima de que contenía la gran sabiduría que iluminaría el camino de los miembros de Al-Anon en todo el mundo. Tomé el rechazo como algo personal y me prometí no escribir nunca más. Pero entonces, la recuperación asumió el control, y tuve que admitir que no había actua­do teniendo presente el amor o el servicio al enviar mi aporte. Había actuado con arrogancia y exaltación de mí misma.

Así que lo intenté de nuevo. Envié una historia personal para uno de los nuevos libros de Al-Anon. Traté en verdad de dar el paso sin pensar en los resultados. Fuera mi historia útil o no, estaba preparada. Cuando se publicó el libro finalmente, traté de no permitir que mi ego asumiera el control a medida que lo hojeaba. Cuando tropecé con pala­bras conocidas, me sentí encantada, pero al seguir leyendo, descubrí que sólo algunos fragmentos de mi aporte se habían utilizado. El resto del texto provenía de otra persona — era una fusión. Y aunque admiré lo que se decía, me sentí rechazada.

Mi madrina me ayudó a recordar que había escrito la historia por­que quería ser de utilidad y devolver algo a la literatura de Al-Anon que tanto me había ayudado durante tantos años. Me había beneficiado mucho de mi historia. Había crecido aprendiendo a no pensar en los resultados. Y ahora había recibido un cumplido maravilloso. Se habían reconocido mi experiencia, fortaleza y esperanza como suficientemente valiosas para compartir con otros miembros de la hermandad. En vez de concentrarme en lo negativo, podía decidir agradecer el regalo que me habían hecho. En otras palabras, en lugar de lamentar las partes de mi historia que se habían omitido o publicado, podía decidir responder al reconocimiento recibido mediante esta oportunidad de servir.

Pese a un comienzo difícil en la institución de transición, mi hija al final optó por la recuperación. Hice todo lo posible para hacerle saber que la amo y la apoyo, y que la ayudaré sólo cuando ella lo desee. Por ejemplo, mi marido y yo acordamos respaldar a nuestra hija en sus estudios universitarios —pero sólo si ella estaba de acuerdo. Decidió asistir a una universidad local y luego pasó un año en otra universidad fuera de la ciudad. Tuvimos que actuar con firmeza para desprender­nos durante ese año porque teníamos motivos para dudar de su asisten­cia a las reuniones de AA. Sus notas empezaron a bajar. Sabíamos que éramos incapaces ante el alcohol, pero una vez más se planteó la escu­rridiza cuestión de la propiciación. ¿Era propiciar el apoyarla en la universidad si no respetaba las condiciones del trato? Entendimos que no habíamos en realidad acordado cuál sería su responsabilidad. Así que los tres nos sentamos y lo debatimos, y cuando llegamos a un acuer­do, preparamos un contrato. Ella aceptó mantener sus notas por enci­ma de un cierto nivel, y nosotros aceptamos apoyarla financieramente mientras lo cumplía. Si bebía o no, era problema suyo y no se menciono.

Al final del año, las notas de nuestra hija estaban por debajo de lo que habíamos acordado. Así que pusimos fin a nuestro apoyo financie­ro a su educación. Yo estaba muy preocupada. ¿Cómo podría ganarse la vida con sólo un diploma de escuela secundaria? Esa noche, mi marido y yo fuimos al cine. Sentada en la sala oscura, lloré por las esperanzas perdidas de mi hija.

Al recordarlo, veo que todavía interfería en su vida. La educación universitaria era mi sueño, no el de ella. Hoy, pese a haber estado sobria durante varios años, lo que le permitiría recibir ayuda financie­ra, no ha vuelto a estudiar. Pero tiene un buen empleo que le permite mantenerse bien.

En su primer cumpleaños en AA, nuestra hija agradeció a Al-Anon por su sobriedad. Lo que aprendimos sobre la propiciación y el des­prendimiento con amor por cierto tuvo repercusiones en su vida. En esa época, eran obvias las repercusiones en las nuestras.

En realidad, seguí el consejo que quería imponerle a mi hija — concreté mi sueño de continuar mi educación. Sin Al-Anon, nunca ha­bría podido aguantar los cinco arduos años que me llevó obtener mi maestría comercial, pero con mucha asistencia me aferré a ello, no escatimé esfuerzos, apliqué mi programa y me gradué.

Mi vida hoy es mejor de lo que nunca habría soñado. Trabajo en una actividad que me encanta, me siento bien conmigo misma y tengo un matrimonio que funciona. Mi relación con mi hija está muy cerca de mi corazón porque me enseñó mucho sobre el amor. No lamento los momentos penosos vividos a lo largo del camino, ni tampoco temo las dificultades futuras. Tengo mucho que agradecer hoy y no puedo derro­char el tiempo quejándome por el pasado o teniendo miedo de la incertidumbre del futuro. En lugar de ello, agradezco la buena suerte que me condujo a esta forma de vida estupenda, e intento prestarle la ma­yor atención posible a cada día de la misma.

 

Con cariño

Quenna


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