Apuntes para una historia del golpismo castrense
Del capitán general Elío a Milans del Bosch
Epílogo, o lo crucial para que, a este nivel de rótulos callejeros, podamos creer que ha finalizado la “transición” (a otros niveles no lo creeremos mientras no sean rehabilitados los combatientes-resistentes que ejercieron el sagrado derecho de resistencia armada a la tiranía (franquista), glosado por Aristóteles y Santo Tomás, del que nacieron los EEUU; o mientras no lo sean igual y plenamente los militares de la UMD): Franco cabalga en la capitanía general de Valencia, y su escudo dictatorial, incluido yugo y flechas, preside la puerta principal de la misma. Pero no tenemos una calle del más que digno valenciano teniente general Vicente Rojo Lluch, ni del heroico coronel Joaquín Pérez Salas, leales a su juramento a la República (¡felicitaciones a todos los Ayuntamientos de Valencia desde 1.979 hasta hoy!). Sí la tenemos, y en lugar principal, del General Elío (que no la tiene en Pamplona). Con estas perennes hipotecas franquistas, ¿de qué “reconciliación” estamos hablando? Sin entrar al escolio de que la Iglesia conserve los restos de Elío en lugar sagrado desde la década ominosa o feroz de Fernando VII.
José Luis Pitarch, profesor de Derecho Constitucional, comandante de Caballería
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