|
ANA,
DIGGER,
Si os paráis a pensarlo por unos segundos, constataréis que no es en absoluto extraordinario lo que os acontece, sino que resulta de lo más común.
En tu caso, ANA, cuya cabeza siente que no amas a tu marido, pero cuyo corazón dice justo lo opuesto, has de ser consciente que una relación es un conjunto de infinidad de cosas, a veces detalles aparentemente minúsculos, pero todos ellos de suma importancia a la hora de mantener unidas a dos personas. Tú puedes amar intensamente a tu esposo, pero bastará que se presente algún tipo de problema - económico, laboral, falta de comunicación, monotonía sexual, una eventual falta de respeto o de tolerancia, etc. -, para que tu cerebro, que, lo quieras tú o no, funciona permanentemente como la más perfecta de las computadoras, empiece a procesar lo ocurrido, a darle vueltas y más vueltas, a echar culpas a la otra persona - tu marido -, consiguiendo de ese modo que, mentalmente al menos, desees alejarte de él. Y es entonces cuando llegas a pensar que no le amas.
Afortunadamente, nosotros, los seres humanos, contamos con una herramienta poderosísima, siempre y cuando la queramos utilizar: nuestra inteligencia. Sabemos que, siempre que lo deseemos, que estemos dispuestos a llegar a un punto de encuentro, todo problema, por grande que sea, tiene solución. Jamás se deben tomar decisiones precipitadas, basadas más en impulsos que en razones, sino, por el contrario, analizar en profundidad qué está aconteciendo, por qué acaece y de qué modo se le puede poner remedio.
Probablemente, puede que esté errado, pero algo me dice que no es así, lo que a ti te pasa sea debido a alguna de las razones que ya he mencionado. ¿Por qué no pones término a tu preocupación, solucionando de una vez por todas lo que la motiva? Tú misma afirmas amar a tu marido, en tu corazón (= sentimientos), aunque no en tu cabeza (= razón); entonces, dime, por favor, ¿deseas romper vuestra relación? Es obvio, a mi entender, que no, pues implicaría sufrimiento, ¿me equivoco? Por tanto, hazte un favor: permanece al lado de ese hombre que amas y poned, entre los dos, remedio a lo que te acontece.
En cuanto a ti, DIGGER, además de ser válido para tu novia y para ti lo que ya he escrito para Ana, has de darte cuenta de algo: te encuentras en esa situación, porque tu novia ha tenido la tremenda sinceridad de confesarte lo que le pasaba. Te aseguro que no es en absoluto habitual semejante franqueza, todo lo contrario. Lo que sin embargo sí resulta de lo más común, es lo que le acontece a tu chica, que asimismo podría ocurrirte a ti en cualquier momento. Salvo raras excepciones, en toda relación de pareja se producen dudas, más o menos importantes, más o menos fuertes, que pueden hacer tambalearse dicha relación: ¿me ama (como yo a él/ella)?, ¿es totalmente sincer@ cuando dice desear estar toda su vida a mi lado?, ¿me amará siempre con la misma intensidad con que lo hace ahora?, ¿me será siempre fiel?, etc., etc., etc.
Y cada una de esas incontables preguntas abre una pequeña brecha en la persona que se la hace, dependiendo de su sensibilidad, de sus emociones, de la intensidad de sus sentimientos, y de tantos otros factores. ¿Por qué? Porque no es que ella no crea en ti, sin duda lo hace con los ojos cerrados, que ella no te ame, sin duda te adora, que ella no confíe en ti, sin duda pondría su vida en tus manos, sino que el entorno en que vivís, y eso no depende ni del pueblo, la ciudad o el país, sino de como es el mundo actual, obliga a dudar. ¿Cómo es eso? Seamos sinceros: ¿qué vemos hoy día a nuestro alrededor en cualquier parte del mundo? Infidelidades, malos tratos, falta de respeto, de comunicación, de tolerancia, menosprecio, etc., y todo ello, muchas veces, por parte de personas que, unos meses o años antes, se prometían amor eterno, con todo lo que eso conlleva.
¿Entiendes ahora por qué digo que me parece totalmente lógico que una persona dude, y que sufra en consecuencia? Porque todos, absolutamente todos los seres humanos mínimamente inteligentes y racionales, aspiramos, ansiamos una única cosa, dificilísima de lograr: la felicidad. Y todos esperamos encontrarla al lado de la persona que amamos, pero este mundo loco en que habitamos, nos obliga a plantearnos multitud de preguntas, de dudas. Puede que no tengamos, hasta ese momento, motivo alguno para pensar que no podamos ser inmensamente felices junto a la persona amada, pero es del todo racional preguntarse ¿será siempre así?, ¿no cambiará jamás? Y como personas influenciables que somos, viendo lo que nos rodea, tendemos a pensar que NO será siempre así, y que SÍ cambiará.
De ahí el sufrimiento, al pensar, como quien deshoja una margarita, "te amo, no te amo, te amo, no te amo, te ..."
|