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LOS ANCIANOS
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VITTI
 
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  Re: LOS ANCIANOS EN LA SOCIEDAD ACTUAL 20/Octubre/2008 - 23:25

 
 
 
 CADA DIA MÁS VIEJOS,CADA VEZ MÁS SOLOS

 
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Cada día más viejos, cada vez más solos
Una cuidadora atiende a una persona mayor en la residencia
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san sebastián. DV. «Cada día más viejos, cada vez más solos». Esta frase -subrayada por los miembros de las organizaciones que se ocupan de atender en hospitales, residencias o domicilios particulares a los mayores de nuestra sociedad- tiene plena vigencia para los adultos y los jóvenes, porque el mundo occidental se encamina hacia un universo de pequeños núcleos familiares, donde los exagerados veinte, quince o diez miembros que residían en un domicilio, están siendo sustituidos por grupos de una, dos, tres o cuatro personas. «En mi familia éramos unos quince: mis abuelos, mis dos tías, mis padres, ocho hermanos, e incluso los sobrinos, que venían a casa en vacaciones. Ahí no había problemas de quedarte solo», dice el sociólogo azpeitiarra Fernando Arteche, que no cuestiona los cambios sociales, «porque responden a nuevas situaciones que no pueden tener las mismas respuestas que hace 50 años».
La realidad la marcan las cifras: 150.000 personas viven solas en la Comunidad Autónoma Vasca, por las 60.000 que lo hacen en Gipuzkoa. Con todo, no nos pongamos tristes, porque son cada día más, también, los voluntarios que dedican su tiempo para atender a todos aquellos que lo necesitan. Nagusilan, Cáritas o la Cruz Roja, entre otros grupos, acompañan a los muchos guipuzcoanos y vascos con dependencia, bien porque sus familiares no pueden responder a sus exigencias vitales, bien porque ellos mismos requieren esta asistencia. Ahí va su historia.
Por teléfono
Nueve de la mañana del 18 de marzo de 2008. El sonido del teléfono se desparrama sobre la luminosa y alegre sede de Nagusilan en el barrio donostiarra de Venta Berri. María Jesús Garitano eleva el aparato hasta su oído y responde amablemente. Es la hija de Juan Mari, el fundador de la asociación formada por personas mayores -un colectivo de una media de 63 años- que atiende también al grupo social llamado de la Tercera Edad en su domicilios, paseos, compras y gestiones. Juan Mari recibió en 2007 el esmalte acreditativo de Voluntario de Gipuzkoa y hoy sigue al frente de aquella iniciativa que ya se ha asentado con gran prestigio en nuestra sociedad.
«Trabajamos -además de en el territorio guipuzcoano- en Vizcaya, Álava, Navarra y ya fuera de las fronteras vascas lo hacemos también en ciudades como Madrid, Granada, Santander y Zaragoza».
Nagusilan desarrolla su labor en un campo de actuación que contempla tres líneas. Por un lado se encuentra el llamado teléfono de plata, un servicio telefónico gratuito en el que 12 voluntarios atienden a las llamadas realizadas por personas con necesidad de comunicación, a las que también se dirigen los miembros de Nagusilan. «A través de esta línea -900 713771- se pretende recoger llamadas de personas mayores, comunicarse con ellas, paliar la soledad, romper el aislamiento, ofrecer seguridad, contactar personalmente, asesorar sobre los servicios existentes para el colectivo, canalizar las demandas recibidas de los Servicios Sociales de Base y Osakidetza y atender, siempre que sea posible, sus peticiones», señala María Jesús Garitano.
Otro servicio que realiza Nagusilan es la visita a personas mayores en domicilios, una labor que realiza cuando se produce una petición expresa de los asistentes sociales. «En Gipuzkoa atendemos a 20 localidades, y además de la visita realizamos acompañamientos, paseos, gestiones particulares o bancarias, o de otro tipo. También asistimos a matrimonios mayores que se encuentran con dificultades para realizar una vida autónoma. A veces es solo uno el que 'falla', pero el otro necesita ayuda para desahogarse y realizar las gestiones diarias». Para que no haya malentendidos, Nagusilan recuerda que no se ocupan de labores domésticas, «algo de lo que se encarga un colectivo profesional».
El hecho de que a veces el voluntario y la persona ayudada sean de la misma edad o de generaciones parecidas ayuda a la relación personal, «ya que conocen un determinado tipo de vivencias ocurridas durante un periodo histórico concreto, lo que les facilita mantener sus conversaciones, algo que resulta más complicado cuando se trata de jóvenes».
Un tercer apartado al que se dedica Nagusilan es el acompañamiento en las residencias de mayores. «Aquí realizamos labores de animación: bingos, teatro, conciertos, espectáculos divertidos, actuaciones musicales... También organizamos salidas a la ciudad y al País Vasco, que les sirvan para conocer los cambios registrados, ver los barrios nuevos o contemplar acontecimientos como las regatas de traineras, el Belén de Elgoibar, partidos de pelota, el Guggenheim, San Telmo o Chillida Leku. Todo esto produce en ellos un efecto beneficioso que se concreta en los días previos a la visita y en los comentarios entre todos, una vez realizada la excursión».
Nagusilan acude asimismo a colegios para explicar la labor del voluntariado y para crear la semilla en esos adolescentes de Bachillerato de que se puede participar en este tipo de actividades, que resultan enriquecedoras para las dos partes. «Se trata de que desde jóvenes conozcan un campo de ayuda social que existe y en el que ellos son también muy necesarios», señala María Jesús Garitano.
Compañía y cariño
Desde Cruz Roja, Mariam Garciandia -responsable del programa de ayuda domiciliaria de la entidad- explica que su labor principal consiste en proporcionar compañía en las casas y también en las residencias. «Hay muchos aitonas y amonas que viven solos, o que únicamente tienen un familiar. Tratamos de proporcionar una ayuda a estas personas a la vez que un respiro a sus más cercanos». Asegura que se necesitan voluntarios «porque el colectivo de la tercera edad no es el que más atraiga al voluntariado joven». El perfil del personal es el de una mujer o un hombre de más de treinta años, aunque para cuidar a los más mayores se presenta un colectivo por encima de los cuarenta años. «El trabajo es enriquecedor para ambas partes, aunque yo creo que el primer beneficiado es el voluntario que de un modo altruista acude a ayudar a otra persona, en este caso, mayor de edad», subraya Garciandia. Cruz Roja presta este servicio desde hace tres años y medio.
Hurkoa, el prójimo
También Cáritas desarrolla una labor impagable desde su servicio Hurkoa, con un Centro de Día ubicado en la antigua Clínica de Las Mercedes de la Avenida de Navarra de San Sebastián. Allí se ayuda a 85 dependientes o grandes dependientes y a 350 personas tuteladas -enfermos mentales o incapacitados judicialmente-.
«Atendemos a estas personas de lunes a viernes de nueve de la mañana a siete de la tarde. Otros acuden únicamente el fin de semana», señala José Ignacio del Pozo, gerente de la entidad. Todos viven en su domicilio y piden plaza durante el día. Se acude a su domicilio a recogerles y se les atiende con el desayuno, el baño, la comida, la siesta, alguna tarea de estimulación, la fisioterapia y la merienda. Después, sus familiares van a buscarles.
El servicio nació en 1986 y tiene «una buena aceptación, ya que supone un desahogo para las familias y las personas atendidas, que -tras una justificada primera impresión de tristeza- comprenden, en general, que no van a ser allí 'abandonadas' y que a la noche estarán de nuevo durmiendo en sus domicilios», indica del Pozo.
Además de los treinta voluntarios, en el grupo de Hurkoa ejercen su labor quince trabajadores profesionales, como auxiliares de clínica o chóferes y conductores. «El 60% de los usuarios de este centro de día fallecen en su casa, sin necesidad de acudir a otro servicio, lo que demuestra la importancia de esta labor, que resta sentimientos de culpa o abandono para las dos partes».
Del Pozo considera, además, que a muchos de nuestros mayores por cuidarles tanto les hacemos dependientes. «Les damos de comer a la boca, les ayudamos a subir las escaleras, cuando a veces podrían ser mucho más autónomos. No es una crítica, es simplemente una llamada a los familiares de estas personas, para ayudarles en su duro trabajo», concluyen desde Hurkoa.

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