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El deseo fomenta la aparición de anhelos. Los anhelos causan el nacimiento y también la muerte. Cuando el ser humano se libra de los deseos, no necesita pasar por el ciclo de nacimiento y muerte. Los sucesivos nacimientos son causados por deseos insatisfechos, y son determinados por los mismos. Pero el deseo de conocer a Dios, de amar a Dios y de ser amado por Dios, no es un deseo de aquellos que atan. Cuando la conciencia de Dios amanece en todo su esplendor, cada deseo mundano es reducido a cenizas por las quemantes llamas de esa percepción. Entonces el ser individual se funde en el Ser Universal, y se deleita en la paz suprema. BABA
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