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Gotas de agua derriten la luna
En un ritual poco desesperado
La madre es quien lo acalla y acuna
Bajo el ojo claro del cielo empañado.
Los vidrios también empañan el aire
Húmeda sustancia que alimenta el fuego
Que chisporrotea, que clama y arde
Y de azul y amarillo tiñen el madero.
Junto al reflejo de cada gota
La lluvia por el humo se esparce
Haciéndose barrilete y nube rota
Se vuela, se escapa y se deshace.
Y vuelve a llover otro madero
Que alzó su vuelo y se precipita,
Es otro distinto al que fue el primero,
Los dos fueron fuego y agua bendita.
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