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Dame tu libertad.
No quiero tu fatiga, no, ni tus hojas secas, tu sueño, ojos cerrados. Quiero sentirla. Tu libertad me trae, igual que un viento universal, un olor de maderas remotas de tus muebles, una bandada de visiones que tú veías cuando en el colmo de tu libertad cerrabas ya los ojos. Qué hermoso tú libre y en pie! Si tú me das tu libertad me das tus años blancos, limpios y agudos como dientes,
me das el tiempo en que tú la gozabas. Descánsala hoy en mí.
La gozaré con un temblor de hoja en que se paran gotas del cielo al suelo.
La quiero para soltarla, solamente. No tengo cárcel para ti en mi ser. Tu libertad te guarda para mí.
La soltaré otra vez, y por el cielo, por el mar, por el tiempo,
veré cómo se marcha hacia su sino.
Si su sino soy yo, te está esperando.
P. Salinas
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