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Son los familiares directos de los ancianos quienes más frecuentemente asumen las obligaciones que supone el cuidado constante de los ancianos incapaces, pero son muchos los que no pueden ser atendidos por sus parientes. En este caso, las residencias de ancianos constituyen la opción más socorrida. Pero la realidad social es la que es: en nuestro país sólo hay 2,7 plazas en residencias -privadas o públicas- por cada cien personas mayores de 65 años y la mayoría de las residencias presentan al solicitante de una plaza largas y desalentadoras listas de espera.
Pese a que algunos centros de día deben mejorar, la mayoría ofrecen un servicio satisfactorio y cumplen con su cometido
Los centros de día, en los que los ancianos pueden pasar el día para después regresar a dormir a su casa, representan una alternativa de atención cotidiana a los mayores no válidos y de alguna manera hacen el papel de guarderías, permitiendo a los mayores seguir viviendo en casa. Pero son también un complemento gerontológico del que se dotan las comunidades autónomas en las que faltan plazas en las residencias, convirtiéndose en un remedio de sala de espera que acoge al solicitante de plaza en una residencia hasta que se produzca la oportuna vacante. De todos modos, se repite el problema: la tercera parte de los centros de día tienen listas de espera y la media de solicitudes no atendidas es de 12 por centro con listas de espera.
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