IGNACIO A. CASTILLO. MÁLAGA Se cumplen tres años de la ley antitabaco, que prohíbe fumar en los centros de trabajo y en los espacios públicos, bares y restaurantes, dependiendo de su superficie. Esto es, precisamente, a juicio de Salvador Oña, jefe de la Sección de Medicina Preventiva del Carlos Haya, la principal ambigüedad que ofrece la norma y que impide que sea eficaz. Por ello, insiste en que se endurezca la ley, que deja de hacerse la vista gorda, que se impongan sanciones ejemplares y que, realmente, se vele por la salud de los fumadores pasivos.
-Acaban de cumplirse tres años de la entrada en vigor de la ley antitabaco. ¿Qué balance realiza de su aplicación?
-Creo que es urgente revisar la normativa, porque pienso que es necesario derogar la polémica de los pequeños locales de restauración y hostelería, que es muy ambigua y está dando muchos problemas. Los camareros, que también son trabajadores, están expuestos a riesgos que otros trabajadores no padecen en sus puestos. Esta situación genera gran dificultad para aplicar la norma. Mi opinión técnica es que es necesario llevar a cabo una iniciativa legislativa para que la norma se haga más sencilla, se simplifique y facilite las condiciones de aplicación, y que prohíba el consumo de tabaco en todos los espacios públicos, sin distinción de metros cuadrados. En ese sentido, puede servir el ejemplo de Italia, que vive una situación muy parecida, pero que tienen la prohibición de fumar en espacios públicos y esto no ha afectado para nada la capacidad hotelera, ni de bares ni de restaurantes.
-De alguna forma, ¿preveían que se iba a hacer la vista gorda en los tantos bares en los que se fuma, a pesar de esta prohibido?
-Cualquier observador se da cuenta de que se fuma en todos los bares, en bodas, bautizos y comuniones... Mi opinión es que no hay recursos ni voluntad política de que se haga cumplir la ley. No tengo conocimiento de ninguna sanción ejemplar. Y considero que existe un agravio comparativo entre todo el esfuerzo que se ha hecho por parte de la DGT para mejorar la datos de siniestralidad al volante y que no se acometan acciones similares y continuadas que hagan disminuir la adicción del tabaquismo, y que provoca 50.000 víctimas mortales al año en España, personas que mueren de forma prematura. Y es una cifra escalofriante que no admite comparaciones. Es, sin duda, el problema real de esta sociedad. A un fumador habitual se le presupone una expectativa de vida de diez años menos.
-¿No existen demasiados intereses creados, pago de tasas e impuestos que repercuten en las arcas gubernamentales, que pueden motivar esta falta de empeño político por erradicar este problema?
-Desde el punto de vista de la salud pública no entiendo cómo esto no es una lucha prioritaria en la agenda de los políticos. Estamos hablando que el tabaquismo es una de las seis primeras causas de muerte.
-¿Cuánto factura la industria en Málaga?
-Según nuestros cálculos, el gasto en tabaco alcanza el millón de euros diario. Esto no significa que todo el tabaco que se compre se fume en Málaga, dado que la provincia se convierte en estanco de otros países europeos. Los turistas, sobre todo en la franja litoral, compran tabaco más económico que en sus países. Por eso, también hay que aumentar los impuestos del tabaco, sobre todo de las marcas más baratas.
-¿Se empieza a fumar ahora a edades más tempranas que antes?
-En el inicio del consumo hay diferencias de género. Es más frecuente los primeros contactos con el tabaco en niñas que en niños. Los menores imitan los modelos de los mayores y, además, la publicidad influye mucho y los mensajes que se lanzan trasladan la imagen de que fumar es algo atractivo. Los primeros cigarrillos son frecuentes en las niñas a los 13 años y en los niños a los 14 ó 15 años. Esto no significa que todos ellos vayan a convertirse en fumadores crónicos. Un tercio de ellos sí, pasan de tener contactos puntuales a ser fumadores de fines de semana y luego, a diario. El 30% hombres y 25% mujeres en Málaga fuman. Son cifras que pueden bailar y que también dependen de los grupos de edad.
-¿Los fumadores saben realmente el ´veneno´ que se meten entre pecho y espalda?
-La mayor parte de los fumadores no son conscientes de que están sometidos a un riesgo muy importante de padecer cáncer de pulmón. El 30% de todos los cánceres están asociados al consumo de tabaco. Son tasas importantes. Y también provoca enfermedades cardiovasculares, hasta el 30% de los infartos de miocardio. Y otras enfermedades obstructivas crónicas pulmonares (90%). Son las tres grandes líneas. Y la población no es consciente.
-¿Y son conscientes del perjuicio que conlleva su acción y quienes no fuman pero se ven obligados a respirar el humo que ellos expulsan?
-Hasta hace muy poco ha existido este debate sobre el riesgo del humo ambiental. Ahora ya se sabe que cuando se convive con fumadores también se sufren estos riesgos. Y es algo que antes se comprobaba fácilmente en las esposas de los granes fumadores, ya que muchos padecían cardiopatías isquémicas por consumo indirecto.
-Sin embargo, hay quien todavía se molesta cuando se le pide que apague el cigarrillo...
-Esto es más bien un problema educativo y demuestra cómo son necesarias más campañas informativas, rigurosas y efectivas, como las de tráfico. Hay que ampliar las advertencias que vienen impresas en los paquetes de cigarrillos, para que el mensaje de riesgo sea más eficaz, incorporando imágenes con personas que han sufrido por culpa del tabaco, como hacen en el Reino Unido o Brasil. Enfermos que están conectados a la tecnología hospitalaria por haber fumado.
-¿Qué ingredientes componen un cigarro?
-Los ingredientes son muchos. Más de 4.000 sustancias tóxicas. Gases, vapores orgánicos y sustancias suspendidas en forma de partículas. Como humo se trasportan al pulmón, actúan en estos tejidos y pasa a la sangre. Y es lo que determina los daños. Sustancias carcinógenas, hidrocarburos... pero del que más se tiene conocimiento es del alfabenzopireno. Y luego sustancias irritantes, amoniaco, peróxido de nitrógeno, fenoles, acroleina...
-¿Y todo esto se indica en las cajetillas?
-La información que se ofrece, por ley, se limita a señalar la cantidad de alquitrán y nicotina que tiene el cigarrillo y la cantidad de monóxido de carbono que produce su combustión. El monóxido de carbono roba el oxígeno de las células y puede provocar hipopsia fisular en dos órganos muy nobles: el corazón y el cerebro. La nicotina es la que crea la adicción, es lo que produce la dependencia. Se han iniciado muchos intentos de bajar la nicotina de los cigarrillos, pero con ello, los fumadores realmente no logran satisfacer su adicción, por lo que realizan aspiraciones más profundas para compensar. Está demostrado que el tabaco ´light´ plantea los mismos problemas para la salud que los cigarrillos normales.
-¿Por qué los fumadores dicen que su acción les relaja cuando están nerviosos?
-La nicotina tiene efectos clínicos en el sistema nervioso central, que provocan cierto nivel de euforia y estimulación del aspecto cognitivo. Tiene propiedades ansiolíticas y antidepresivas. La nicotina es muy activa en el cerebro. Cuando una persona deja de fumar, el organismo intenta adaptarse y se produce lo que llamamos el síndrome de abstinencia: sudan, sienten ansia, están confusos... Es el síndrome adaptativo a la nueva situación.
-¿Dejar de fumar supone un esfuerzo más psicológico o físico?
-Las personas que quieren dejar de fumar tienen que vencer el miedo a no saber cómo va a ser su vida sin cigarrillos y superar también el miedo al fracaso. Quien quiere dejar de fumar no debe plantearse que es para toda la vida, sino ir día a día. Es una manera que resulta más cómoda, porque los objetivos son alcanzables.
-¿Sólo basta con tener fuerza de voluntad o es necesario recurrir a la ayuda de especialistas?
-Depende de cada persona. Hay quienes por sus propios medios son capaces de dejar de fumar sin necesidad de tratamientos farmacológicos y psicológicos y otros que sí necesitan ayuda. Depende del cuadro que presente cada persona. Lo que sí tiene que quedar claro es que no existen las curas mágicas.
-¿Quien acude a un especialista para abandonar el hábito se considera un paciente?
-Pacientes, adictos, usuarios... son personas que tienen un problema de adicción con el cigarrillo.
-¿Por qué se producen tantas recaídas? ¿Por qué, además, en el momento en el que la adicción parece superada?
-Las recaídas forman parte del proceso. Hacen falta hasta tres intentos serios para lograr dejar de fumar. Pero consideramos que son aprendizajes muy valiosos. En todo caso, es necesario distinguir entre recaída y desliz. Fumarse un cigarrillo supone una situación de peligro, pero no tiene por qué acabar con el proceso de dejarlo. La persona se puede rehacer y aprender. Y, a pesar de que el proceso de adicción es individual, hay una serie de factores que indican un pronostico favorable, como el apoyo social, de la familia, de los amigos.... son factores que siempre se valoran. Los estudios demuestran que el 70% de las mujeres de fumadores que han dejado de fumar también dejan de fumar con él, influidas por el comportamiento del grupo.
-¿Por qué muchos fumadores que vuelven a los cigarrillos tras intentar dejarlo se engañan a sí mismos?
-Es lo que se conoce con el nombre de fumador oculto. Fuman a escondidas, fuera del entorno domiciliario y de la convivencia. Alguien que ha dejado de fumar se ha comprometido socialmente y se avergüenza de haber vuelto y está durante un tiempo fumando sin ser visto... hasta que es descubierto. Dejar de fumar es un proceso que permite, además, saber cuáles son nuestras capacidades. Dejar de fumar es mucho más que librarse de una sustancia tóxica. Dejar de fumar significa, además, ganar seguridad personal, ahorrar dinero y ampliar el campo de libertad.
-Al menos, la ley ha conseguido que fumar ahora ya esté mal visto?
-En efecto, los fumadores hoy están sometidos a cierta presión social, aunque insisto en que las lagunas que plantea la ley no definen del todo esta percepción, ya que si bien no puedo fumar en el trabajo, sí puedo en casa y en los bares y en los restaurantes. Falta ese paso que impida, realmente, fumar en los espacios públicos, si la ley quiere realmente proteger a los fumadores pasivos. Desde el punto de vista de la Medicina Preventiva, conseguir que un fumador deje de ser fumador es una de las medidas más eficientes que tenemos, ya que es mucho más rentable lograr que deje el tabaco para toda su vida que todos los recursos económicos que habría que emplear para tratar enfermedades causadas por el tabaco.