AMEAUXET ESCALAS AUXILIARES Y CAE DEL ET

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EAUX, IN MEMORIA, AL XII CURSO DE ARTILLERIA
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RENATO
 
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  Re: EAUX, IN MEMORIA, AL XII CURSO DE ARTILLERIA 26/Septiembre/2008 - 13:54

 
Jueves, 25-09-08
 
 
 
Carta a la subsecretaria de Defensa
 
Soy un allegado a los círculos de la Armada y familiar de un oficial perteneciente a la Escala Superior de Oficiales. Conocedor de la ley de la Carrera Militar y de cómo se está llevando a cabo la unificación de escalas en este Ejército, me dirijo a usted en los mismos términos que su carta a este diario para puntualizar:
1. -Absolutamente todos los oficiales en el empleo de teniente de Navío/capitán y alférez de Navío/teniente componentes de la Escala Superior, serán rebasados por oficiales de la Escala de Oficiales más modernos en el empleo.
Todos los españoles pueden estar de acuerdo con la unificación de escalas, en aras «de una mejor estructura de personal a nuestros ejércitos, y una más adecuada distribución de funciones entre oficiales y suboficiales», pero no todos lo están de la forma en que lo han hecho.
2. -En torno al 70 por ciento de los oficiales componentes de la Escala Superior de Oficiales que ostentan u ostentarán los empleos de teniente de Navío/capitán y alférez de Navío/teniente a fecha 1 de julio de 2009 (fecha de la unificación de escalas), han puesto este recurso, y esto sí es un hito en la historia reciente de las FAS, en lo que a proporcionalidad de un colectivo de uno de los tres Ejércitos se refiere.
3. -En su carta menciona los criterios de mérito y capacidad como fundamento de la ley. La disposición transitoria cuarta no cumple estos criterios a la hora de formar el nuevo escalafón de la Escala Única. Emplea un criterio relativo al número de componentes de una Escala y su antigüedad en la misma. Por lo tanto, lo que rige y regirá el futuro de los actuales oficiales será esta fórmula injusta para la Armada y conveniente para otros colectivos de otros ejércitos en la medida que ustedes han deseado. Una fórmula demoledora y revolucionaria que en todo caso «reconoce como menos capaces» a los oficiales de la Escala Superior, pese a cursar cinco años de Escuela Naval.
4. -Con esta ley sí que se violan los derechos individuales de los oficiales pertenecientes a la Escala Superior de la Armada.
Las expectativas profesionales cuando se ha invertido esfuerzo, sacrificio familiar, tiempo y dinero pasan a ser un derecho. Son muchas las vicisitudes del día a día que se rigen por el concepto de antigüedad, tales como vivienda, logística, destinos, cursos, comisiones, reservas, por no mencionar el sueldo. Si tocan la «antigüedad» varían muchos parámetros que afectan, créame, a los derechos de los militares, no solo a sus expectativas profesionales.
Pero más sangrante es el ejemplo de un colectivo de unos cuarenta oficiales que por promoción interna accedieron a la Escala Superior desde la Escala de Oficiales, y que serán rebasados el día de la integración por un número enorme de ex compañeros de escala (hoy más modernos por haber permanecido en la escala originaria). De forma que, tras ser rebasados, pasan a ser los oficiales de menor expectativa profesional de todos los oficiales de la Armada, al contrario que sus ex compañeros, rejuvenecidos con este «ascenso» regalado...
5. -El recurso va en contra de la orden ministerial que regula el curso de adaptación, pero de manera indirecta, y lo que al final se pondrá en solfa es la anticonstitucionalidad de la ley, que viola el principio de igualdad entre todos los españoles.
Finalmente, le significo que la moral de los oficiales de la Armada está muy baja, con un grado de desmotivación y falta de confianza en sus mandos como nunca lo había comprobado hasta ahora. Como español, me preocupa la división interna que se está generando entre los componentes de las distintas escalas y la poca capacidad de reacción que se tiene.
Por todo ello agradezco la preocupación que ABC está teniendo en el desarrollo de la noticia, que es fidedigna y ajustada a la realidad, y también el esfuerzo que los partidos de la oposición están realizando para tratar de reconducir un problema que no sé hasta qué punto el Gobierno tienen interés en solucionar.
 
ARCADIO 1
 
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  EAUX, IN MEMORIA, AL XII CURSO DE ARTILLERIA 26/Septiembre/2008 - 13:32

EN LUCHA...

Carta a mi amigo Bruno. Ley de la Función Militar. Algo está pasando
Un viejo sargento   
 
 
06 nov 2007

Amigo Bruno:

La  vocación  del  servicio  a la Patria y a nuestros ciudadanos ha sido la principal causa por la que decidimos convertirnos en militares.

Han  pasado  muchos  años  y quizá resulte algo grotesco lo que te comento, pero,  dime  sinceramente,  ¿quién  de  nosotros  no ha sentido un inmenso orgullo  al  vestir  el  uniforme, lucir las cadeteras o adornarnos con esa elegante gorra de plato?.

¿Quién  no se ha emocionado cuando, en posición de firmes, ha escuchado los acordes  del  himno  nacional,  o  ha  sentido ese extraño placer al oír el estrépito ordenado de nuestro pelotón cuadrándose a nuestra voz?.

En  aquellos  años,  éramos  jóvenes,  dispuestos.  No sabíamos de Leyes de Función  Militar,  ni  de  trienios  ni  años de servicios. Nuestra carrera estaba  en  manos de nuestros Jefes, en los que confiábamos plenamente, por que  así nos lo habían enseñado.

Ellos se encargarían de velar por nuestros intereses, por que en ello iba el concepto de lealtad mutua.  Nos  alimentábamos  de  aquella  vocación,  de  aquella ilusión, de aquella “íntima satisfacción del deber cumplido”.

Pero  dicen  que quien se alimenta de ilusión corre el riesgo de morirse de hambre. Y  eso  está  pasando, amigo Bruno, que al suboficial se le alimenta con su propia vocación, y se le pretende recompensar por su sacrificio y el de sus familias  con su “íntima satisfacción del deber cumplido”. Y se le remunera con su propio amor al servicio…

Y  mientras desde sus coches oficiales y pabellones de cargo, esos jefes en los  que  hemos confiado plenamente, preparan sus discursos para que sigamos manteniendo  esa  capacidad  de  sacrificio ante tiempos difíciles. Pero al mismo tiempo se reúnen para arreglar “lo suyo”. Para indemnizar “lo suyo”.

La peligrosidad y la penosidad son circunstancias apenas tenidas en cuenta, a  la  vez que reiteradamente se recompensa las labores de responsabilidad, casualmente “su” responsabilidad, normalmente ligadas al empleo.

 Y  ahora, ante la posibilidad de ver mermadas sus aspiraciones personales, vuelven a la carga. “Esto hay que indemnizarlo”, dicen.

Y  aquél  joven  sargento,  orgulloso, ilusionado, leal y confiado se está haciendo viejo. Y  ve  que quién maneja las riendas del cotarro solo mira para sí mismo. Su propia carrera.

Y  éste,  ahora  ya,  viejo  sargento mira a su alrededor, comprueba que la sociedad  está evolucionando, que sus hijos tienen el mismo derecho a jugar con  los  mismos  juguetes el de sus jefes. Y su esposa, el mismo derecho a estrenar  vestido y lucirlo cuando la ocasión lo requiera, como las esposas de sus jefes.

Porque  nosotros fuimos los primeros en jurar derramar hasta la última gota de  nuestra  sangre,  y nuestra entera disponibilidad ha pasado el examen de los muchos  trienios  que  acumulamos.  Pero  esa  total  disponibilidad  no es sinónimo  de  gratuidad. Porque si quien lo decide no lo piensa así para sí mismo, ¿por qué lo ha de ser para sus subordinados?

Y  aquí  todos vamos en el mismo barco, ¿Porqué entonces a unos se les paga con  “íntima  satisfacción  del  deber  cumplido”  y  a  otros  con mayores complementos? ¿Porqué ante vicisitudes propias de la profesión militar unos han  de  apelar  al sacrificio  y  otros,  en  cambio,  a  indemnizaciones económicas?

Veo  a  muchos  de  nuestros  compañeros  salir  del Ejército por la puerta lateral  de  la  desilusión  y  la  decepción.  Defraudados, pasan a retiro acompañados  de informes médicos que no hacen más que avalar sus estados de ánimo.  Y los que se van no son recién llegados, no. También fueron jóvenes sargentos, y en tiempos quizá más difíciles que éstos. Pero se les acabó la ilusión de la que se alimentaban.

Mientras, desde algunos despachos se habla de picaresca o algo parecido, al mismo  tiempo  que  se  marca un número de teléfono para preguntar: “Señora Subsecretaria, ¿Cómo va lo mío?”.

Bruno, amigo, me despido con ese viva que cientos de veces hemos lanzado juntos al aire, ¡Viva España! Y ¡Viva el Ejército (que debiera ser)!

Editado por: español (17/Noviembre/2007 - 09:53)

Editado por: ARCADIO 1 (26/Septiembre/2008 - 13:57)

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