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Hola, Razor,
Por favor, evita los radicalismos, ¿quieres? Eso de "... nuestra relación se ha acabado para siempre ..." está fuera de lugar, por la sencilla razón que ningún ser humano sabe qué pasará en la siguiente fracción de segundo. Ahora mismo, tu deseo es ése, pero ¿acaso sabes que te depara la vida?, ¿y a él?, ¿y a vuestra madre? No. Por tanto, jamás digas "De esta agua no beberé", porque puede llegar el día en que te tengas que tragar tus propias palabras.
Nadie está predestinado a ser de una u otra forma, ni a ser tal o cual cosa. Nacemos con una herencia genética, es verdad, que contribuirá a definirnos sobre todo físicamente, pero lo que nos formará mentalmente serán, en desorden, las diferentes escuelas a que asistamos, el entorno familiar, la educación recibida ... Quiero decir con ello que una criatura que viva en un entorno donde se produzca algún acto violento, verbal o físico, quedará marcada por ello; si, además, es ella misma quien sufre dicha violencia, la marca será mucho más profunda e indeleble. Sobra decir que la imagen de quien ejerza tal violencia, quedará grabada a fuego en la memoria de esa criatura. Y sus sentimientos hacia dicha persona no serán precisamente positivos y benévolos, no al menos cuando esa criatura ya alcance una edad en que sea capaz de entender el alcance de lo ocurrido. Es lo que a ti te ocurre con tu hermano y tu madre: a él, como ejecutor, y a ella, por permitirlo, aun cuando no hubiera motivo para ello, les guardas rencor por todos esos malos tratos. Porque sí, son malos tratos lo que has sufrido: las collejas no existen, ni los cachetes, ni nada. Cualquier atentado a la integridad física de una persona, constituye maltrato físico. Cualquier gesto o palabra que haga que una persona se sienta insultada, dolida, lastimada, humillada, etc., constituye maltrato psicológico. No existen atenuantes para este tipo de comportamientos, sino agravantes: unos padres son los máximos culpables, pues ellos son los primeros que tienen como una de sus funciones el proteger a su prole; después vienen los abuelos y los hermanos ...
Claro que esa infancia con tu hermano y tu madre te han marcado y lo sigues notando hoy día: la introversión es casi con toda seguridad consecuencia de ello, así como la baja autoestima y el acomplejarse. ¿Falta de comunicación? Desde luego que sí. ¿Qué ganas de comunicar puedes tener, con una persona a la que recuerdas dándote de golpes e insultándote? Cero.
Alégrate no obstante de algo muy importante: tú, ahora mismo, te puedes ver reflejado en un espejo sin sentir ganas de escupir a tu imagen; ¿crees que a tu hermano le ocurre lo mismo, si tú te pones cerca? Lo dudo.
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