|
...Me quiere, no me quiere; me quiere, no me quiere...
pero ¿a quién se le ha ocurrido deshojar una margarita así?
Si tus aguas son más tibias que esa frase
si tu suelo se mueve a cada instante
si tu risa ha muerto en el laberinto del castigo.
Ya tendrás tiempo de arrepentirte
ya tendré espacio para dejar de llorar,
mientras no deshoje la margarita
sé que me queda tiempo de ese esperar.
Esta soledad me lleva a la nostalgia
al recuerdo del nunca acabar,
pero te pienso niño hermoso de escasos cabellos
y suda mi cuerpo por verte tendido en el lejano altar.
...Me quiere, no me quiere; me quiere, no me quiere...
en fin, he elegido dejarte volar
mi querencia muerde la noche en penumbras
y mi castigo es dejarte de amar.
|