IMAGEN Y PALABRA

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Pliegos de Cordel III
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aryeris danieska aguilar rodriguez
 
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  Re: Palomas blancas y garzas morenas, de Rubén Darío 23/Febrero/2009 - 01:49

hola lo que yo quiero saver si en el poema palomas blancas garzas morena de (ruben dario) se encuentra la siguientes palabras

por empezar                          iniciaremos    

para comenzar                     en esta opurtunidad

para dar inicio                     en primer termino

a continuacion                     luego     para finalizar

el ultimo luga                        para concluir

en conclusion                    en suma

Yo y mi circunstancia
 
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  Pablo y Virginia, de Bernardin de Saint Pierre 23/Octubre/2008 - 20:12

 

Bernardin de Saint Pierre en el Jardin des Plantes

" Pablo, al ver que Virginia amaba este lugar, trajo de la vecina selva nidos de pájaros de todas clases. Los padres y las madres de los pájaros siguieron a sus hijos, viniendo a establecerse en esta nueva colonia. Virginia les distribuía de vez en cuando granos de arroz, maíz y mijo. En cuanto ella aparecía, los silbadores mirlos, los bengalíes, cuyo gorgojeo es tan lindo, y los cardenales, cuyo plumaje tiene color de fuego, dejaban su matorral; las cotorras, verdes como esmeraldas, descendían de las cercanas latanias; las perdices corrían por la hierba; todos se acercaban, entremezclados como gallinas, hasta sus pies. Pablo y Virginia se divertían con transporte ante sus juegos, sus apetitos y sus amores. "

Jacques Henri Bernardin de Saint- Pierre

 

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  Palomas blancas y garzas morenas, de Rubén Darío 23/Octubre/2008 - 20:06

 

 Rubén Darío

.............................

Mi prima Inés era rubia como una alemana. Fuimos criados juntos, desde muy niños, en casa de la buena abuelita que nos amaba mucho y nos hacía vernos como hermanos, vigilándonos cuidadosamente, viendo que no riñésemos. ¡Adorable, la viejecita, con sus trajes agrandes flores, y sus cabellos crespos y recogidos como una vieja marquesa de Boucher!

Inés era un poco mayor que yo. No obstante, yo aprendí a leer antes que ella; y comprendía -lo recuerdo muy bien- lo que ella recitaba de memoria, maquinalmente, en una pastorela, donde bailaba y cantaba delante del niño Jesús, la hermosa María y el señor San José; todo con el gozo de las sencillas personas mayores de la familia, que reían con risa de miel, alabando el talento de la actrizuela.

Inés crecía. Yo también, pero no tanto como ella. Yo debía entrar a un colegio, en internado terrible y triste, a dedicarme a los áridos estudios del bachillerato, a comer los platos clásicos de los estudiantes, a no ver el mundo -¡mi mundo e mozo!- y mi casa, mi abuela, mi prima, mi gato, -un excelente romano que se restregaba cariñosamente en mis piernas y me llenaba los trajes negros de pelos blancos.

Partí.

Allá en el colegio mi adolescencia se despertó por completo. Mi voz tomó timbres aflautados y roncos; llegué al período ridículo del niño que pasa a joven. Entonces, por un fenómeno especial, en vez de preocuparme de mi profesor de matemáticas, que no logró nunca hacer que yo comprendiese el binomio de Newton, pensé, -todavía vaga y misteriosamente,- en mi prima Inés.

Luego tuve revelaciones profundas. Supe muchas cosas. Entre ellas, que los besos eran un placer exquisito.

Tiempo.

Leí Pablo y Virginia. Llegó un fin de año escolar, y salí, en vacaciones, rápido como una saeta, camino de mi casa. ¡Libertad!

Mi prima, -pero, ¡Dios santo, en tan poco tiempo!- se había hecho una mujer completa. Yo delante de ella me hallaba como avergonzado, un tanto serio. Cuando me dirigía la palabra, me ponía sonreírle con una sonrisa simple.

Ya tenía quince años y medio Inés. La cabellera, dorada y luminosa al sol, era un tesoro. Blanca y levemente amapolada, su cara era una creación murillesca, si veía de frente. A veces, contemplando su perfil, pensaba en una soberbia medalla siracusana, en un rostro de princesa. El traje, corto antes, había descendido. El seno, firme y esponjado, era un ensueño oculto y supremo; la voz clara y vibrante, las pupilas azules, inefables; la boca llena de fragancia de vida y de color de púrpura. ¡Sana y virginal primavera!

(Completo se puede leer en la página:

http://es.wikisource.org/wiki/Palomas_blancas_y_garzas_morenas

Es una sola página)

 

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