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Las fuentes de papel, antiguas tintas
Sangre azul sin tronos de oros
Que atesoraron ningún tesoro
Más que la idea por ellos escrita.
A esos caudillos sin armadura
Que dispararon letras de hierro
Libres ermitas de un pueblo nuevo
De la esperanza de la ventura.
A la memoria de nuestro olvido
Por el tamaño que estos merecen
En las futuras cunas se mecen
Los que recuerden a los soldados.
Suelto o atado por mil cadenas
No habrá veneno que contamine
Lo que en nuestras neuronas vive
Como una reina en panal de abejas.
Tuya tu influencia y tu grandeza
De ideales de libertad y norma
Cruel aspereza que toma forma
Hasta lograr su plena entereza.
Índigo ser de tierras cualquiera
Venas caducas y voz eterna
De las máximas alturas aun legas
La existencia de una raza sola.
Naturaleza indómita y bendita
Vagabundeante por los tiempos
Entre los perdonados por tus lamentos
Están los héroes, soldados de tinta.
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